El
mandato presidencial de Gabriel Boric tiene muchas tareas pendientes y
muchas de ellas viene de los últimos cuatro años, que han sido muy malos
para el país. El Chile que todos anhelamos se fue cayendo a pedazos,
con muchas imposiciones premunidas de la mano de la violencia. Ante
ello, los dos últimos mandatos -Michelle Bachelet y Sebastián Piñera-
cedieron de forma muy peligrosa, porque ambos se alejaron completamente
de sus programas de gobierno, incluso terminaron distanciados con los
mismos partidos que los llevaron por segunda vez a La Moneda. Ese país
que creíamos iba en un ascenso constante se ve enfrentado hoy a una
pobreza que se refleja en las calles producto de los acontecimientos que
nos han afectado mucho, con un nivel altísimo de delincuencia y con
graves problemáticas como la descontrolada migración. Los reclamos por
lo que ocurre se mantendrán si es que Boric no tiene un sólido
liderazgo. El magallánico llegó al mandato en medio de un país
gravemente deteriorado económicamente. La mayoría del país no lo ha
pasado bien. Hemos visto en primera fila cómo se han perdido todos los
respetos, especialmente por instituciones señeras en nuestro país como
las Fuerzas Armadas. Porque estamos en una nación carente de orden y
seguridad. Los mismos vecinos de Magallanes han reclamado por la
impunidad a la que nos vemos enfrentados, con una alta cantidad de casos
sin resolver: asesinatos, desaparición de personas y otros tantos
ilícitos que acá quedan impunes. También en las últimas décadas
pareciera que se premia la corrupción y los delitos de cuello y corbata.
Vemos cómo incluso muchos parlamentarios han pasado por el sillón de
los acusados y finalmente los casos no quedan en nada. No hay jerarquías
morales y jurídicas. Todo pasa por el desgobierno total al que nos
vimos expuestos en los últimos 10 años.