Las emergencias contingentes y los altos valores

No está demás insistir en el tema de los valores, vale decir de los principios por los que se rige una persona, un grupo o una sociedad, particularmente cuando estamos levantando con fuerza las motivaciones de un país por cambios políticos y sociales que, según esperamos todos, permitan avanzar hacia la construcción de una sociedad más justa, fraterna, equitativa y ética.

Este impulso social y culturalmente genuino se entremezcla con otra serie de conductas que saca a relucir a un segmento de la sociedad que, paradójicamente, sigue asentándose en la funcionalidad de la existencia de breves episodios, en los que prima la búsqueda a corto plazo, del beneficio personal por sobre cualquier otra consideración ética, y en donde cada uno cree poder recrear su propio modelo para justificar sus particulares decisiones y formas de vida. A pesar de esta marcada, innegable y liquida tendencia individualista, una vez alcanzado el efímero objetivo final, se vuelve a repetir la vieja historia de recurrir a los valores que permiten dignificar la simple existencia de lo humano y, sobre todo, para justificar en el plano de lo colectivo aquellas situaciones que, por separado, nos ha llevado a imponer, a segregar, a discriminar y a excluir anhelos de los otros en beneficio de los mezquinos afanes propios. Aquí es donde vuelve a tener sentido, una vez más, la antigua validez de los altos valores de la fraternidad, la tolerancia, la filantropía, la libertad de conciencia, los derechos humanos, la rectitud, la prudencia, el diálogo, la paz y el respeto intransable por la esencial dignidad humana. Estos valores sólo adquieren relevancia cuando se manifiestan en la integridad funcional de un sistema societario que nos permite pensar que no somos una simple colección aleatoria de individuos con una integración mínima, sino que por el contrario y como señala el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, nos constituimos ancestralmente en colectivos que aprenden de la experiencia grupal, que posibilitan manifestaciones consensuales y que permiten la extraordinaria posibilidad de generar relatos transmisibles que superan la individualidad e instala el alcance colectivo, social, inclusivo e igualitario del esfuerzo humano.

Entre temas tan contingente como la Emergencia Climática, que no estamos enfrentando ni valorando según lo requieren las actuales circunstancias para la sociedad que tratamos de construir, o la Emergencia Sanitaria que nos sigue poniendo en situación de peligroso jaque dadas las consecuencias individuales y colectivas de cualquier decisión, estamos intentando poner sobre la mesa las cartas que estarán en juego una vez logrado el consenso acerca del fundamento cívico que orientará los anhelos y las esperanzas de cada persona que constituye esta civilidad republicana y democrática que nos ha tocado vivir. Estamos en un punto crítico en el cual debemos ser capaces de reformular las condiciones indispensables para recrear una sociedad dialogante, requisito esencial para superar las inequidades y exclusiones que conducen a emergencias y no permiten siquiera, la posibilidad de anhelos que marginen a la intolerancia, a la desigualdad y a la ambición. Seguimos sosteniendo que anhelar es construir humanidad y capacidad de diálogo y, a su vez, esto es darle un cierto sentido y dignidad a nuestra existencia por simple que parezca.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS