A dos
meses de las elecciones presidenciales hay muchas cosas que los
candidatos deben saber a la hora de hacer campaña. Muchos gobiernos se
pierden en la conducción política, porque deben cumplir las promesas
electorales y la priorización de los verdaderos problemas que aquejan a
la gente quedan en la nebulosa. Hemos visto casos muy cercanos con la
alternancia en el poder de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. Hoy
las principales críticas que provocan la baja en la aprobación
gubernamental apuntan a la incertidumbre, la improvisación, la
desinformación, la corrupción, la delincuencia, el desempleo, las
movilizaciones sociales, el desgobierno y otras semejantes. La población
está con una depresión que afecta mucho y que es contagiosa. Se están
perdiendo las confianzas en los poderes Ejecutivo, Legislativo y
Judicial. Los resultados de las recientes encuestas son el reflejo
estricto de una realidad que el país está viviendo desde hace más de dos
años y que es el reflejo de los últimos 50 años sin escuchar las
verdaderas necesidades de la gente. Muchos dirán que esto también
ocurrió en el Gobierno pasado, pero cómo un mandato tan corto, de sólo
cuatro años, se puede desgastar tan rápidamente. Hoy, con las redes
sociales, la gente se expresa rápidamente y los manifiestos son
contagiosos, generan un traspaso veloz y muchas veces aquello es lo que
más multiplica el negativismo. Ya no se pueden ocultar los desaciertos,
errores y engaños de quienes tienen el deber de solucionar los problemas
de la población, que sufre carencias comprobables. Ya ocurrió con
demandas de la población en Coquimbo, La Araucanía, Chiloé y Magallanes,
la gente está cansada y necesita soluciones y eso es lo que llevó al
estallido social ocurrido hace dos años en el país.