Sin lugar a dudas el 2019 es el inicio de una coyuntura histórica que, para mal o para bien, marcará algunos devenires a futuro de nuestro país y la región.
Para muchos el 2019 se inició con esperanza en la caída de la dictadura venezolana, las acciones internacionales de apoco llevaron a una serie de acciones concretas en donde el bloque democrático republicano de la región quizás por primera vez actúo en contra la tiranía chavista que tanto daño ha hecho, sin embargo como toda acción netamente política terminó en eso, manifestación de buenas intenciones y reconocimiento parcial a un gobierno que carente de liderazgo y decisión solamente ha llevado a la extensión de una dictadura, que a la larga, salió fortalecida. Para muchos en su momento, una acción militar decisiva pareció inminente, sin embargo Estados Unidos se resto del “golpe de gracia” sorprendiendo a muchos venezolanos en el exilio.
Es por ende que no es de sorprender, visto a la distancia este largo proceso, cómo el accionar de una guerra irrestricta comenzó activarse, sin lugar a dudas el éxito de seguidores de teóricos como Gramsci y Laclaude, que han conllevado a un éxito del desestructuralismo que viene de larga data y no tan solo de una coyuntura determinada.
El cuestionamiento al denominado “Modelo chileno” siempre es algo que se había debatido a nivel teórico internacional, siendo para muchos un baluarte y para otros una permanente amenaza del éxito. Es evidente que no hay sociedades perfectas, claramente nuestro país tiene desafíos importantes, pero algo que comenzó como una “espontánea” manifestación por demandas sociales esta en un proceso de “cambio de Constitución”, claramente el mayor objetivo de los febriles defensores de la lucha de clases que tantos espacios han copado en nuestro país.
La violencia paso a ser una herramienta y también un fin, la democracia republicana parece estar dando paso al asambleísmo tiránico que ha llevado a la imposición de verdades absolutas, lo cual ha eliminado varios elementos esenciales en la acción política, como son los puntos de encuentro, equilibrio y sobre todo que “no es una suma a cero”.
En este sentido un gobierno débil y que no captó elementos esenciales se presenta reactivo, nuevamente tomando “banderas” que no le son propias, tratando de agradar, y sobre todo, un afán de “ser querido y apreciado” por una izquierda que realmente no lo desea o quiere, dejando a millones de ciudadanos que eligieron continuar con un Estado de Derecho, balance de poder y un país en esencia fiel a la república. En este tortuoso camino de malas decisiones se ha dejado a las policías, tanto Carabineros como Investigaciones, como punta de lanza cada vez con menos recursos y sin apoyo institucional.
En forma vergonzosa la violencia se ha impuesto, incluyendo atentados contra medios de comunicación y sus trabajadores, no han sido pocos los medios de prensa que han sido quemados y saqueados en el país, sin importar el atentar contra la vida de quienes laboran por la libertad de expresión atacados en forma cobarde por quienes tanto “abogan” en forma vandálica.
El ejecutivo, legislativo y poder judicial han caído ante la violencia, no dejando muchas opciones y haciendo una autocritica pobre y miserable ante un país que, en su gran mayoría, espera la paz y tranquilidad para poder progresar.
El anuncio de un plebiscito parece una carta más de un naipe gastado, aún no se ven liderazgos y el 2020 parece solo tener una “bomba de tiempo” ante quienes no reconocerán otro resultado que no sea el que se les antoja, mientras tanto el desempleo aumenta, al igual que el gasto público en forma populista, y la credibilidad del país va a la baja, al igual que la inversión extranjera y generación de puestos de trabajo.
Para muchos esto es parte de un elemento clave en la lucha social, la cual no ha dudado en manifestar una abierta lucha de clases y reivindicación, para muchos el 2020 será un año de “luchas”, muy alejado a la paz y tranquilidad que millones de chilenos esperábamos hace casi un año de esta alejada “copia feliz del Edén”.