Hoy
se cumple un año desde que asumió con grandes vítores y una alta
aceptación ciudadana el Presidente Gabriel Boric Font, nacido en tierra
magallánica. Las expectativas eran altísimas, pero a las semanas
comenzaron errores no forzados protagonizados por su entorno, como por
ejemplo la visita de la exministra Izkia Siches a La Araucanía y sus
posteriores declaraciones sin confirmaciones de lo ocurrido. Al mes de
Gobierno, la aceptación ciudadana comenzó a bajar y la aprobación
también y coincidió
con la superación en encuestas del Rechazo al Apruebo. La falta de
acuerdos en el Parlamento también comenzaron a pasarle la cuenta y el
encargado de ello era su mejor amigo y ministro de la Segpres, Giorgio
Jackson, el mismo que condicionó el apruebo a la nueva Constitución al
programa de Gobierno. Gruesos errores. En materia internacional, fue el
mismo Gabriel Boric quien tuvo algunos percances. Pero lo que más le
preocupó al Ejecutivo en los primeros seis meses fue el Plebiscito de
Salida. Hacia ello reordenaron filas equivocadamente cuando la inflación
desataba la mayor crisis económica en los últimos 30 años. A la vez el
problema en La Araucanía se agudizaba y la inseguridad en el país crecía
de la mano de portonazos, encerronas y delincuencia desatada. La falta
de acuerdos políticos los llevó al fracaso del 4 de septiembre, cuando
la opción Rechazo con 13 millones de chilenos acudiendo a votar le
dijeron a Boric que debía enmendar el rumbo. Que Chile no iba bien y que
la arrogancia y falta de humildad debían quedar atrás para darse cuenta
de que el país no había nacido en este milenio. Y ahí, tras caer
estrepitosamente -incluso en su propia región- la opción Apruebo que
representaba el propio Boric, se decidió a hacer un ajuste. Salió del
gabinete Siches e ingresó Carolina Tohá y en el puesto de Jackson
incluyó a Ana Lya Uriarte, dos emblemáticas concertacionistas que le
daría un impuso político ideológico más cercano de lo que quiere el
ciudadano común y corriente y no así el progre que quería refundar el
país. Pero los últimos meses han golpeado duramente a la economía
chilena, que se ve en el crecimiento de la pobreza y con la
disconformidad de la ciudadanía por la constante alza de precios. Y para
cerrar el año, no logró el Gobierno -por sus propios errores- lograr la
aprobación de la Reforma Tributaria, columna vertebral para financiar
los cambios y el programa de gobierno que hace un año quiso instalar
Boric. Es decir, en solo 365 días ha fracasado ideológicamente en el
Plebiscito de Salida y estructuralmente con la Reforma Tributaria.