No
hay peor noticia que informar de delitos y hay algunos que en el último
tiempo se están convirtiendo en una constante en la Región de
Magallanes y Antártica Chilena, lo que nos genera una alta preocupación.
Las cifras nos indican que los
ataques sexuales en Magallanes no tuvieron una notable disminución en
los años de pandemia y que durante los últimos dos, los crudos números
ya nuevamente nos ponen por sobre el promedio nacional, lo que es una
brutal vergüenza. Las noticias policiales siempre conllevan un
sentimiento de repudio, pero lamentablemente deben ser informadas.
Cuando afectan a niños y menores de edad, producen angustia, pena y
mucho dolor en la comunidad. En la zona más austral del país estamos
frente a una realidad que no podemos esconder. Los constantes ataques
sexuales a menores nos ponen entre las regiones con mayor cantidad en
este tipo de ilícitos. Son hechos repudiables, condenables por todo el
mundo, pero más aún en el último tiempo nos hemos visto enfrentados a
que estos hechos han sido protagonizados por familiares o cercanos a las
pequeñas víctimas. Pero ante todo esto, la gente tiene una sensación de
incredulidad, al constatar la cantidad de casos que llegan hasta los
tribunales, originados en abusos sexuales o violaciones, cometidos
contra menores de 14 años. No todos los casos están siendo denunciados,
hay hogares donde incluso se esconde este delito pese a que los niños lo
relatan. ¿Qué está pasando? Durante la última década hemos visto
incremento en los hechos, pero lo condenable pasa porque en muchos casos
no se aplica un escarmiento judicial estricto y los culpables siguen
cometiendo estos condenables actos. Esto estremece, porque cada uno de
nosotros se pone en el caso de los padres de los menores y la sensación
es de rechazo. Las autoridades señalan que esto va de la mano con el
aumento del consumo de alcohol, otra enfermedad regional, pero no hay
nada que lo justifique. Los atropellos a los menores son despreciables y
más aún cuando incluso se comenten puertas adentro.