Al
ver los medios de comunicación social, ya resulta una noticia
recurrente el hecho de ver como aún no sabemos de responsabilidades por
los daños que se realizan a la infraestructura, patrimonio y bienes
estatales, bienes que se adquieren con dinero, que tienen un valor
económico y que no solo tienen un valor presente y contable, también
tienen un impacto positivo en su utilización.
A
la fecha no sabemos quiénes fueron las personas que de manera
coordinada y premeditada incendiaron estaciones de Metro, un lugar que
no solo tiene un valor de activo fijo, entrega un servicio y bienestar a
miles de personas de todas las clases sociales; que valor tiene llegar a
casa temprano, que valor tiene no mojarse de
la lluvia con tus hijos en el invierno, que valor tiene ir seguro con
tu madre adulto mayor. Es que los bienes públicos, tienen un valor
económico y un valor social, y a la fecha no sabemos quién los incendio.
Del
mismo modo, vemos sin responsables, los múltiples daños y mal trato a
Carabineros de Chile, daños a semáforos y paraderos de la locomoción
colectiva. Los bienes fiscales o estatales también son los bienes de una
municipalidad, que están al servicio de los vecinos y en beneficio de
usted lector de esta columna, la pregunta es que pasa que no hay un
temor al daño de lo público.
Al
robar un computador fiscal, entramos en otra dimensión, no solo el
valor contable del computador también está el valor de la información
que contiene y por último el daño a los beneficios y trabajo que este
robo afecta a un empleado público y a una organización; aun así, vemos
que no hay responsables de la racha de robos de computadores desde los
actuales y otros hechos que han ocurrido en el pasado.
Cuando
se exige un Estado más pequeño, pero eficiente, al igual que una
empresa debe administrar bien sus ingresos, debe también ser buen
empleador, debe ser austero y sobre todo ser un buen cobrador; si para
una empresa es importante vender, más importante es saber cobrar, del
mismo modo el Estado, debe velar por cobrar cualquier irregularidad que
afecte al Estado, sean estos de gran envergadura o de poca monta, para
eso está el Consejo de Defensa del Estado.
Los
delincuentes de todo tipo, son unos grandes evaluadores de un proyecto,
ellos en su sano juicio evalúan las ganancias y las penas que arriesgan
al delinquir, son estudiosos de las leyes, y desde hace un tiempo,
dañar al Estado sale gratis, no hay temor, no hay juicios que den miedo,
no hay responsables y sale gratis.
El mayor grupo económico del país, es el Estado de Chile, y recursos hay para que el peso de la ley se haga
sentir, pero los verdaderos cambios se lograran cuando el paradigma
cambie desde, “Lo que es del Estado no es de nadie” a “Lo que es de
Estado es de todos”.