Es
importante establecer como punto inicial, que los derechos son
esenciales y se dan en todo ámbito, ya sean civiles, políticos,
personales y administrativos. Al mismo tiempo los derechos son
universales, pertenecen a todos los ciudadanos por igual.
Sin
embargo, con la llegada de los gobiernos de corte reformista o
progresista, la apropiación de las disertaciones sobre las
contravenciones legales en donde ellos son los únicos garantes de su
aplicación se hacen comunes. Suman a esa postura tener el monopolio de
la superioridad moral, la prerrogativa de la humanidad y de todos los
derechos, humanos, de la mujer y de la infancia. Aparentan ser los
poseedores de todas aquellas grandes virtudes filosóficas y humanas
establecidas a lo largo desarrollo humano.
A
saber, desde Aristóteles (filósofo griego) se discutían temáticas de
derechos humanos, este conferenciaba interpretándolos bajo el contexto
de una Grecia clásica en donde existía esclavitud, perseverando para
obtener jurídicas de derechos compasivos para los grupos sometidos.
Erasmo de Róterdam (filósofo humanista, reformador) conferenciaba de los
derechos humanos y del libre albedrío. De igual manera, Hans Kelsen
(pensador jurídico y pensador político) consideraba a la moral como
parte de la justicia y al derecho internacional como un fomentador de la
paz internacional que contribuye a garantizar los derechos
humanitarios, ideas aplicadas tras la segunda Guerra Mundial. Otro gran
pensador, muy influyente para la sociedad moderna, fue Jean-Jacques
Rousseau (filósofo importante de la ilustración) cuya obra más
importante fue el contrato social, en donde principalmente trata sobre
la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instituido bajo
este contrato, en donde se fundamenta buena parte de la filosofía
liberal.
Los
derechos establecen beneficios para las personas en base a criterios de
igualdad humana, así se desarrollaron con el tiempo, pero a su vez
encadenan deberes para con la comunidad al reconocer limitaciones en el
ejercicio de los derechos que emanan de la ley, la que establece la
regulación de las normas de unos y otros, donde el ejercicio de los
derechos de cada persona necesariamente debe coexistir y respetar los
derechos de las demás personas, asimismo satisfacer las justas
exigencias de la moral, el orden público y el bienestar general en una
sociedad democrática.
Por
consiguiente, los derechos de la personas nacen del respeto y del
reconocimiento de los derechos de cada uno de los otros miembros de la
comunidad. Esto deja claro que los derechos nos pertenecen a todos y no a
persona alguna que vengan de la política, sea de la izquierda, derecha,
extremos, centro, liberalismo, o sea de donde venga. No obstante,
desgraciadamente hay ciertos grupos políticos que se apoderan de esto,
los secuestran y creen que son unipersonales, que dependen de ellos,
exigiéndolos a través de superioridad moral para privatizar y
dogmatizar a la concurrencia.
Hay
que enfatizar que nadie tienen el monopolio de la superioridad moral y
mucho menos este grupo, puesto que nunca se han interesado respetar los
derechos de todos, sólo los que aglutine sus causas.
Sin
lugar a dudas, los derechos de las personas tienen unos amigos de los
cuales todos se olvidan, que son los deberes del hombre y del ciudadano.
En eso se basa la doctrina de nuestros derechos y deberes, el ser una
parte activa de la sociedad y ejercer por ejemplo su derecho a voto, de
ser ciudadanos, del deber del cuidado de las ciudades, del respeto
cívico.
En
la experiencia que me precede y a como se ha desarrollado la política
en sí en la historia, quienes dicen que van a defender tus derechos al
final no salvaguardan nada, acaban aprovechándose de uno y de las
agrupaciones políticas asociadas. La defensa de los derechos acaba
siendo una tarea personal. Los paladines de los derechos humanitarios se
olvidan de respetar el paquete entero, exigiendo la parte que les
interesa, dejando una pata coja en este sistema filosófico y político
que busca tener una mejor convivencia.