Chile
es uno de los países que presentan la peor distribución demográfica.
Hay zonas muy pobladas y otras en donde la densidad es bajísima. Hace
más de ocho años, desde la Cámara de Diputados se le propuso a la
entonces Presidenta Michelle Bachelet una revisión de la política
demográfica, enfatizando la caída de la tasa de natalidad. Hoy, con 1,6
hijos por mujer en edad fértil, ni siquiera se alcanzan los niveles que
mantendrían la población estable en el tiempo. Muchas veces hemos
explicado, en estas mismas líneas, que el envejecimiento acelerado
genera una tensión sobre los sistemas de salud y pensiones. Ahora, a
eso, en nuestra Región de Magallanes y Antártica Chilena, debemos
agregar la escasez de nacimientos, que en estos dos últimos años en
medio de la pandemia se incrementaron fuertemente, dejando a nuestra
zona como una de las que poseen la más baja tasa de natalidad del país.
El problema de la densificación demográfica a lo largo de Chile se
traduce en que Santiago representa el 2% de la superficie del país, pero
alberga a más del 45% de la población. Es inimaginable, pero es la
realidad. La concentración de personas provoca reducciones en el espacio
de las viviendas, congestión en los medios de transporte, aumento en
los tiempos de traslados e incremento en las consultas siquiátricas por
estrés, afectando el bienestar social e impactando en la calidad de vida
y esos problemas en Magallanes se han incrementado fuertemente entre
2020 y 2021. Por eso se debe potenciar el trabajo en regiones; aumentar
los especialistas, no solo en salud, también en educación, y por sobre
todo generar centros de desarrollo.