Con la llegada del hidrógeno verde a la Región de Magallanes y Antártica Chilena se generan muchas expectativas. Nuevos trabajos, diversificación de la matriz productiva y un sinnúmero de posibilidades nuevas para carreras técnicas que no se han masificado hasta el momento en la zona más austral del país. Por eso es fundamental la toma de decisiones de los padres y apoderados junto a nuestros jóvenes respecto del futuro.
Muchas veces se incurre en un tremendo error a la hora de orientar a los jóvenes respecto de qué hacer con su futuro. Y ahí surgen los problemas cuando se plantea qué estudiar. La decisión es difícil, pero se acrecienta aún más cuando las expectativas familiares son demasiado altas y no hay un buen diálogo. Las complejidades de esta determinación pueden transformarse en una oportunidad si se consideran todas las alternativas y se hace un análisis de factores, como las capacidades e intereses, la empleabilidad, el ingreso promedio y el campo laboral.
Desde hace un par de décadas que surge una gran alternativa: la formación técnico-profesional, la que no solo tiene una amplia oferta en el mercado, sino también una demanda creciente de matrícula que aumentó 43,8% hace una década. Por eso, a la hora de decidir, hay que analizar muy bien, porque esta formación sigue siendo la opción más eficiente de obtener un título, a través de carreras de alta demanda en áreas productivas clave para la economía.
A esto hay que sumar la permanente necesidad de nuevos especialistas, sueldos muchas veces superiores a los de una carrera universitaria, aranceles accesibles con múltiples formas de financiamiento, además de acreditaciones rigurosas y específicas para los centros de formación técnica, que aseguran la actualización de sus planes de estudios.