Desde
la mirada geopolítica con la instalación de asentamientos poblacionales
en la isla de Navarino, siempre se tuvo como prioridad el hacer patria y
dejar en claro que, en el sur del sur del mundo, existían chilenos
viviendo en el territorio sub antártico.
Sólo
hacer un par de décadas atrás, no contábamos con la urbanización
necesaria ni los elementos mínimos por parte del Estado para poder
desarrollar una ciudad robusta, con todas las necesidades que hoy se
tiene para establecer permanencias de personas con seguridad social,
cobertura de salud y prestaciones para un crecimiento poblacional ni de
infraestructura, es más, todos los proyectos a futuros pensados en esos
años, se encontraban con la insalvable valla de las recomendaciones
técnicas que no las hacían viables.
Así
pasaron los años, conformándonos con pequeños avances que para nosotros
eran grandes luchas. Un pueblo sacrificado entre la nieve y los largos
inviernos, que se batieron con rebeldía frente a la imposibilidad de la
llegada de las sentidas demandas de las y los habitantes de Cabo de Hornos.
Siempre
lo dijimos, mientras existiese la mirada de evaluar los proyectos de la
misma forma que se hace en Santiago de Chile o en la capital regional,
sería absolutamente imposible encontrar el próspero futuro que debe
tener Puerto Williams y explotar de forma responsable nuestros
atractivos que nos insertarán próximamente como una de las ciudades más
importantes para el turismo, la ciencia y la investigación.
Con
la llegada del segundo Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, se
comenzó a saldar una deuda de años, siempre con el objetivo de que los
lugares más apartados y donde menos se tenía presencia del Estado,
comenzarán a florecer oportunidades y nuevos bríos, que, bajo la mirada
presidencial, se crearía un plan sin precedentes en la historia
democrática de nuestro país, el llamado Plan de Zonas Extremas.
Al
fin se hacía justicia y el Estado de Chile, impulsaba fuertemente una
cartera de inversiones y proyectos que nos hicieron avanzar con grandes
pasos en 4 años lo que se nos negó durante casi medio siglo.
Hoy
Puerto Williams se levanta como la gran entrada al continente blanco, y
debemos exigir nuestra independencia en la toma de decisiones,
respetando a Punta Arenas como capital regional, pero visualizando las
proyecciones futuras que tiene nuestra ciudad más austral del mundo y
sub antártica, característica única en el planeta.
Necesitamos
a Cabo de Hornos con autonomía frente a la Antártica, donde se nos
permita crear políticas públicas que tiendan a afincarnos, con todo lo
que significa para el futuro próximo, como el brazo extendido de los
hielos eternos del sur.