Magallanes se opone a la violencia

Punta
Arenases es también denominada la ciudad de “los monumentos” y uno más
que emblemático es el monumento de Hernando de Magallanes, ubicado en el
centro de la
Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero, inaugurado en 1920 y dedicado a conmemorar el descubrimiento del Estrecho de Magallanes. Esta escultura es ícono
de la ciudad, asociada a su vez a un conocido mito urbano. En uno de
los costados de la base de cemento, está la escultura de un indígena
patagón y al otro, una mujer con los brazos levantados. Se cuenta que a
los pocos años de inaugurado este monumento, un marinero español se
acercó a él y quedando impresionado por el tamaño del pie del patagón
decidió tatuárselo; a los pocos años retornó con buena fortuna y desde
entonces se dice que quien pase por la
plaza Muñoz Gamero y bese el dedo del pie del patagón, correrá la misma suerte y, además, retornará a nuestras gélidas tierras. Estas
son tradiciones de una ciudad con historia, creencias y costumbres que
van tejiéndose a lo largo de los años y dándonos identidad como
magallánicos que no solo nos enorgullece, sino que atrae a miles de
personas durante el año.
Pues
bien, casi no hubo magallánico que no quedara estupefacto ante los
hechos de violencia ocurridos el pasado jueves 4 de septiembre
precisamente contra este mismo monumento; instancia en la cuale
s
antisociales, en el marco de la marcha de convocatoria nacional, “Nos
cansamos, nos unimos”, creyeron que la alteración del orden, la
violencia contra terceros y los desmanes contra la vía pública eran
formas legítimas para manifestar sus demandas.

A rostro cubierto, los
“encapuchados” se apoderaron de una marcha que fue pacífica en sus
inicios y las emprendieron contra la emblemática estatua de Hernando de
Magallanes.
Tras
el repudio colectivo de estas muestras cavernarias de manifestación,
nos fuimos enterando de personas que resultaron heridas -entre ellos, el
presidente del Partido Comunista de Magallanes, un comunicador de
Diario El Pingüino y Carabineros-; también que esta marcha no estaba
autorizada y que, en medio de los violentos disturbios, se detuvo a una
ciudadana de nacionalidad francesa.
¡Que triste espectáculo vimos ese día! Quizá haya quienes puedan pensar que exagero, pero los magallánicos
no estamos acostumbrados a este tipo de desórdenes ni a este tipo de
violencia

En esa línea, entristece enormemente interiorizar el hecho de
que quienes realizaron este daño al espacio público son el reflejo de
nuestra sociedad y nuestra de cultura como país; uno que con el paso del
tiempo ha ido normalizando los hechos delictuales que buscan infundir
temor en el marco de las protestas. A todos ellos quiero decirles, ¡En
Magallanes no!
En términos de seguridad públi
ca
y de la persecución penal, sin duda se requiere de herramientas
eficaces para sancionar el ocultamiento del rostro en el contexto de
manifestaciones públicas, por lo que es de esperar que el Ministerio del
Interior tome medidas en general sobre este tema, y en particular,
sobre el atentado al Monumento de Hernando de Magallanes en la
plaza
Muñoz Gamero, que dicho sea de paso, toma un especial protagonismo al
acercarse la celebración de los 500 años del descubrimiento del
estrecho de Magallanes

La
ciudad de los monumentos y todo Magallanes se opone a la violencia, tal
como en su momento lo hizo Mahatma Gandhi: “Me opongo a la violencia
porque cuando aparece para hacer bien, el bien es temporal; el mal que
hace es pe
rmanente”.

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