Escribo antes que se inicie la visita presidencial, así que quizás (y ojalá sea así) exponga ideas ya respondidas al momento de publicar esta columna. El Presidente Kast llega a Magallanes en un momento que no admite dudas ni vacilaciones. La región muestra cifras que obligan a hablar con claridad y ser concretos en las soluciones. El desempleo alcanza un 5,9% afectando principalmente a mujeres y jóvenes, y una ocupación informal alta. El déficit habitacional en Magallanes se estima en alrededor de 5.000 viviendas, con arriendos en Punta Arenas que han subido fuertemente por insuficiente oferta. Sin embargo, en el actual Gobierno, el presupuesto del Serviu regional fue recortado en más de $21 mil millones.
En conectividad, la pista del aeródromo de Puerto Natales presenta deterioro severo y las obras están programadas en plena temporada alta (enero–marzo 2027), con cierres parciales que han generado alerta en gremios turísticos y productivos. En salud, hay 24.121 personas en lista de espera de especialidades. Y en inversión pública, el Plan de Desarrollo de Zonas Extremas (PEDZE) fue recortado de $50 mil millones proyectados a sólo $25 mil millones asignados para 2026, retrasando nuevos proyectos en la región.
Estos no son datos sin importancia para Magallanes. Son condiciones materiales que determinan la dinámica económica y la calidad de vida en nuestra región, y de ello depende si una familia puede arrendar una vivienda, si una joven encuentra trabajo formal o si un enfermo es atendido en tiempo oportuno. Aunque al presidente no le guste, Magallanes requiere la presencia decidida del Estado.
En nuestra región, el Estado es un actor protagónico. Generalmente es un habilitador de desarrollo, de condiciones mínimas para que la economía funcione. Cada peso invertido en infraestructura pública tiene alto impacto en empleo y competitividad, que de otra forma es difícil que se concrete. Para zonas extremas, la equidad territorial no se declara, se presupuesta.
Magallanes no requiere frases grandilocuentes ni metáforas. Las metáforas son cómodas sólo para quienes gobiernan desde Santiago, pero no para quienes pagan arriendos, generan o necesitan empleos, o para los que están en listas de espera en el hospital. La visita presidencial debe traducirse en compromisos concretos, con cifras, plazos y responsables, que puedan evaluarse en el periodo presidencial. Inaugurar obras del gobierno anterior es darle continuidad a la obra del Estado, pero lo que se requiere es explicitar el plan que el Presidente Kast tiene para Magallanes en su gestión.
Frente a la visita presidencial, la región tiene derecho a exigir anuncios específicos. Pensando rápido se me ocurren algunas acciones concretas. Primero, el PEDZE fue diseñado para compensar las desventajas estructurales de zonas extremas como Magallanes; por tanto, reponer los fondos recortados, en los tiempos planificados y aprobados es fundamental. Segundo, Magallanes requiere un plan de reactivación económica con foco en empleo formal. Parte de ello es el PEDZE, pero también se requiere un impulso en turismo, energías renovables, logística antártica y construcción. Tercero, solución definitiva, con garantía, a la conectividad aérea de Puerto Natales, con un plan de mitigación económica por los cierres parciales. Cuarto, refuerzo de inversión en vivienda y salud. El déficit de viviendas y el alto precio de los arriendos requiere mayor inversión del Serviu, sin recortes presupuestarios. Se requiere acelerar la construcción de vivienda social y no reducirla. Salud igual requiere una inversión sostenida en infraestructura hospitalaria y la reducción con urgencia de las listas de espera. La gente sin recursos se muere esperando una hora de especialista o un examen. Quinto, Magallanes requiere fortalecer su protagonismo en política antártica y en adaptación al cambio climático. Para ello se requiere la implementación con recursos del Plan Estratégico Antártico 2026–2030 y Planes Comunales de Cambio Climático.
La visita del Presidente Kast es una buena oportunidad para demostrar que el discurso de “zonas extremas prioritarias” se traduce en presupuesto e iniciativas concretas. Si el gobierno quiere credibilidad en nuestra zona, debe hacerlo con señales claras con plazos definidos, que puedan dinamizar la economía y mejorar la calidad de vida a corto plazo. Magallanes no necesita metáforas o visitas simbólicas. Necesita una gestión de gobierno que le permita a nuestras familias mirar con confianza el futuro. El presidente tiene la palabra, evaluaremos su voluntad.