Magallanes puede y debe ser parte del enfrentamiento al mayor desafío de la humanidad, la crisis climática. No improvisando, sino con razón, técnica y trabajo, desde estas zonas australes podemos comprometernos con un consenso social, sustentable y en donde nadie sobra.
La evidencia es contundente al respecto, y opiniones contrarias sólo se enmarcan en el área del negacionismo similar a los terraplanistas o antivacunas.
Chile es el país con mayor producción per cápita de CO2 de América Latina y Magallanes, a su vez, la de mayor producción de CO2 en la nación.
Este no es un problema de otros, sino de nosotros, de cada uno. Por lo tanto, el rol individual, familiar, vecinal, comunal y regional es urgente para asumir tiempos apremiantes. Los últimos informes colocan al 2030 como punto de inflexión irreversible, apenas una década.
Como país y región hemos avanzado en pasos significativos, con cambios revolucionarios en la matriz energética (ejemplo mundial), extensión de zonas y parques terrestres y marinos, en donde hemos jugado un papel destacado, siendo la región con mayor superficie protegida en diferentes formas. Además, Chile será sede y foco internacional de la COP25 en un momento clave. Y esperamos que las leyes del Servicio Nacional de Biodiversidad y de protección de Humedales Urbanos den pronto a luz para beneficio de las comunidades.
La tarea no es menor, al contrario, es gigantesca y trasversal, por eso es destacable las organizaciones sociales, ONG, privados e instituciones que están haciendo un trabajo permanente. Solo por nombrar algunos, la Agrupación Ecológica Patagónica y su labor en el Humedal Tres Puentes, Bahía Lomas en Tierra del Fuego, Recipat y su aporte titánico como empresa de reciclaje en Punta Arenas, los esfuerzos de los municipios regionales para colocar puntos de recolección de elementos que se puedan sumar a las Tres R.
Pero debemos dar pasos aún mayores.
Economía circular y sustentable, definición de pilares productivos, rellenos sanitarios con plantas procesadoras regionales (proyecto diseñado en el Plan de Zonas Extremas), con respuesta que alcance al territorio antártico, reforestación masiva urbana y de zonas degradadas (diez árboles absorben nuestra producción de CO2 sin movilización ni calefacción, para lo que se necesita 60 árboles maduros per cápita).
Educación, educación, educación.
Cuando se consultó por la nueva Constitución, el primer lugar en todo Chile y Magallanes fue el derecho a un medio ambiente limpio y sano.
Tenemos apenas 10 años para detener y revertir esta crisis climática. Debemos ser actores y no tan solo observadores de esta emergencia.
Una niña, al igual que Magallanes hace 500 años, está cruzando a vela el Atlántico hacia Chile, dando su testimonio, una niña cambiando el mundo.
Espero que seamos capaces de dar los pasos correctos por nosotros y quienes vienen.