Más diputado, menos presidente

El
Presidente hasta la semana pasada había logrado mantener la aprobación
de su gobierno en un fluctuante 30% de aprobación, marcando cierto grado
de incondicionalidad de su electorado en torno a su gestión. En la
última encuesta CADEM por primera vez esta constante cambia, de esta
forma sectores más identificados con el centro, que hasta ahora lo
apoyaban, reducen significativamente su apoyo, probablemente en
respuesta al asesinato de los 3 carabineros. Los sectores más
identificados con la izquierda también redujeron su apoyo, pero en mucho
menos proporción. Sin embargo, el distanciamiento hacia el simbolismo
que representa el “Perro Matapacos” podría generar que sectores de
izquierda más críticos de las decisiones y posturas del presidente
Boric, empiecen a cuestionar y rechazar su gestión. Es que los
simbolismos, a los cuales reniega el presidente, son parte de la cultura
e identidad del mundo de izquierda. Renegar es traición, una bofetada
que se suma a una serie de hechos que se contradicen a las expectativas,
convicciones y promesas que planteó en su campaña el presidente Boric.
De cierta forma, los sectores más “puristas”, han empezado a concluir
que no sólo el presidente se aleja del programa, sino que, al parecer,
ha abandonado el alma y sentido de su gobierno.

El
simbolismo detrás del perro matapacos tiene directa relación con las
motivaciones de muchas personas que votaron por el ciudadano Gabriel
Boric. Un simbolismo que el presidente lució en su computadora personal y
en una que otra pancarta mientras estuvo en campaña. Es que el quiltro
representa un icono de rebeldía frente a la autoridad, una suerte de
identidad para los miles de chilenos que marcharon pidiendo un Chile más
justo en la revuelta del 2019, que “ladramos y mostramos los dientes”
frente a un sistema injusto y represivo. El mestizo callejero y negro
refleja a cada una de las personas que se sintieron desplazadas y
marginadas por el sistema durante décadas. En cierta forma, renegar del
perro mestizo es renegar de la gente que te llevó a La Moneda. Como la
inmensa mayoría de las y los manifestantes era un perro que ladraba,
pero no mordía. Asumir un ánimo real de violencia o de muerte no estaba
en la intención consciente de nadie, era sólo un simbolismo de rebelión,
en tiempos de convulsión.

En
un año electoral, la mala evaluación del gobierno podría influir
fuertemente en la relación entre el gobierno y las candidaturas,
alejando partidarios. Un gobierno dubitativo ideológicamente sin
posiciones consolidadas genera dispersión. El presidente ha optado por
entregar concesiones innecesarias y gratuitas a las posiciones
ideológicas de la derecha política bajo la supuesta tesis de lograr
gobernabilidad y avanzar en las reformas necesarias. Ha entregado mucho y
ha recibido en realidad sólo lo que evidentemente debía ser aprobado
(sueldo mínimo, royalty o 40 horas); sin embargo, las reformas de
pensiones y tributarias necesarias para avanzar en materia de justicia
social siguen siendo trabadas o rechazadas. Del joven diputado rebelde y
reformista poco se evidencia, dando paso a una mala copia de los
presidentes concertacionistas, sin el liderazgo, la visión estadista o
la muñeca política necesaria para avanzar en la gestión del gobierno.

La
transformación de diputado a presidente nos ha entregado un mandatario
que probablemente hace lo necesario para generar mejores condiciones de
vida a los chilenos y chilenas, pero que en términos de convicciones y
su historia reciente, que pavimentó su llegada a La Moneda, parece
alejarse cada vez más del proyecto de gobierno que sus partidarios
esperaban. El gobierno ciudadano, descentralizado, feminista y
ambientalista con seguridad está al debe. Como resultado ha comenzado a
surgir un fuerte descontento y decepción entre sus partidarios
originales y más duros, especialmente porque las decisiones
cotidianamente no son socializadas, sumado a un nulo protagonismo de los
actores locales en regiones al momento de explicar el rumbo del
gobierno. Urge sincerar los desafíos y metas del gobierno en lo que
resta de mandato y con claridad marcar las posiciones políticas y
económicas que serán sostenidas.

Copiando
la frase “Más Narbona menos Craig” del presidente Boric en donde, de
manera poco apropiada, hace una crítica a los estilos distintos de los
hermanos Lucksic al enfrentar los desafíos económicos del país, parece
urgente concluir que a la gestión y rumbo del Gobierno es necesario
exigir “Más diputado, menos presidente”.

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