Más seguridad, claro… pero ¿Qué pasa con la responsabilidad?

Hace
una semana creo que nadie quedó indiferente frente al cobarde, cruel e
inhumano atentado contra Carabineros, no solo en tanto a sus tres nuevos
mártires, sino contra toda la institución, por cuanto estos hechos
ocurren el mismo día de su aniversario n°97. De coincidencia, nada; solo
podemos encontrar en la mente subnormal de sus autores, un macabro
actuar especial y previamente planificado. Abrazo a través de este
medio, con profundo dolor, transformado en admiración y respeto
absoluto, en primer lugar a sus familiares, victimas también de la
desmedida ira contra la autoridad policial; a cada Carabinero en
servicio, que con valentía viste a diario el uniforme en cuya defensa
nacional juró su vida; y abrazo del mismo modo a cada uno de nosotros,
chilenos todos, quienes debemos sentir propio el luto producto del
crimen organizado que no tiene límites personales, ideológicos,
económicos ni institucionales. Es, a propósito de esta lamentable nueva
perdida para nuestro país, que los medios nacionales han comentado la
semana completa no solo sobre la noticia misma y las teorías que maneja
la investigación, sino también sobre la importante misión, transversal a
los sectores políticos, de reforzar a nuestra policía, con mayor
dotación personal y material, resguardando que en el marco de sus
atribuciones, se les respete íntegramente, y de esta forma actúen
plenamente facultados para combatir nuestra crisis de seguridad.

Sin
embargo, hay ciertos hechos relacionados a la seguridad que no dependen
de un uniforme específico, sino a nuestra propia conciencia frente a
algunas acciones que, en vez de reforzar el concepto, solo lo debilitan,
por falta de responsabilidad. Un par de ejemplos muy simples es que, si
fuésemos más responsables, no necesitaríamos más puntos de control
policial innecesarios para asegurar que los conductores no lo hagan en
estado de ebriedad, pues bastaría con tener claro que hacerlo, es en si
mismo un delito, pero además una muy mala acción personal. Si
entendiéramos todos que por insignificante sea su valor cometer hurto o
robo constituye una pena determinada en grados, no conversaríamos hoy
sobre la acción que ejerce Carabineros en supermercados o centros
comerciales cuando la tentación parece transformar en delincuentes a
algunos ciudadanos. Si en nuestra región las cifras de violencia
intrafamiliar no fueran casi endémicas y las relaciones pers
onales
no tuviesen que estar reguladas por ley, seguramente nuestros
carabineros podrían ocupar su tiempo en urgencias especificas y no
serían llamados a vigilar el cumplimiento del autocontrol necesario en
la población. Si volvemos a mencionar apartados de la ley de tránsito,
los accidentes que a diario hacen noticia en nuestra comuna no tendrían a
nuestra policía ocupada en varias intersecciones con procedimientos
largos y sin mayor éxito, pues muchas veces esas causas quedan sin
respuestas.

Entonces,
cierto es que necesitamos reforzar materias de seguridad en las que
Carabineros cumple un rol protagónico, pero no debemos descuidar
aquellas situaciones en las que los protagonistas somos los ciudadanos,
en cuyas acciones controladas y responsables, podrían permitir a la
institución que sus acciones tengan mejores fines, mayores rec
ursos, o bien que estos mismos sean destinados a la prevención por sobre la reacción.

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