Desde hace tres años que nuestra economía no vienen en buen pie. Primero fue el ‘estallido social’, después la pandemia -de la cual aún no podemos salir-, que nos ha castigado mucho. Y ahora se viene una recesión con un decrecimiento que afectará al país por lo menos
los próximos dos años. En la Región de Magallanes y Antártica Chilena
hay numerosos empresarios que han surgido sobre la base de la
dedicación, esfuerzo, inteligencia y capacidad organizacional, que creen
en sus ideas e invierten sus capitales corriendo el riesgo de perderlo
todo o superar las dificultades que esta decisión implica,
y ellos han sido los más afectados por la crisis económica. Estos
esfuerzos que comenzaron como micro o pequeños empresarios han permitido
dar trabajo a muchos hombres y mujeres que buscan alguna actividad que
les depare un sueldo digno que les permita llevar alivio a sus hogares,
contribuyendo también a incrementar las arcas fiscales a través de los
impuestos que las empresas deben pagar al Estado y a la disminución de
la cesantía, estadística que a veces atenta contra la movilidad social.
El país debe aprovechar este impulso innovador de sus ciudadanos, quienes, por lo tanto, merecen todo el apoyo del Estado, facilitando el acceso al crédito, disminuyendo las trabas burocráticas y estimulando su desarrollo, tal como está sucediendo en educación con el ingreso masivo al sistema y la incorporación a las universidades e institutos técnicos de jóvenes
que nunca pensaron en acceder a un título profesional, no por no tener
la capacidad intelectual suficiente, sino por no disponer del dinero
necesario para costearse los estudios calificados, que son de alto
costo.