Para
nadie es novedad que el fútbol es pasión de multitudes y que sobretodo
en esta pandemia ha sido una válvula de escape a todas las situaciones
complejas que hemos vivido desde el año pasado. En todo caso, en nuestro
continente no se autoriza aún el ingreso de público a los estadios y
vemos con envidia como en Europa paulatinamente se van llenando las
graderías. Esperemos que pronto llegue el momento de volver a una vida
relativamente normal.
En
estos momentos en que Chile disputa la Copa América, observamos con
entusiasmo y optimismo a un nuevo “crack”, llegado de Inglaterra y de
madre chilena. El trae la frescura, simpatía, fuerza y, sobretodo, un
ida y vuelta en cada área como a pocos se le ha visto. Me refiero a Ben
Brereton (su pronunciación es algo así como “Briton”), más conocido en
nuestro país como “Ben 10” (incluso ya le hicieron una canción) o “Big
Ben” como lo bautizó el relator Claudio Palma.
Y
ya se transformó en “figura” y da gusto verlo jugar con mucha entrega
como si hubiera nacido en Chile, aunque ni siquiera habla español, pero
lleva la camiseta con gran orgullo, con su melena al viento, su barba
frondosa y su gran estampa, que deja a Alexis casi como un pigmeo a su
lado. Se ve un joven sano, de bajo perfil y con sus metas claras, no
como algunos integrantes de nuestra “generación dorada”, que están más
preocupados de llamar a un barbero para que les arregle su “look”
(echándose al bolsillo todos los protocolos y la supuesta burbuja
sanitaria) o de manejar y chocar un gran Ferrari o de vetar a la prensa,
o de hacer fiestas, o de tomar más de la cuenta o de tirarse jamón en
el desayuno en una concentración (sin comentarios). A estos ídolos se
les perdona y se les ha perdonado todo y, se supone, que son los que
mandan en el camarín. Ejemplo de ello es el de Diego Armando Maradona,
que pese a todos los excesos es idolatrado cruzando la cordillera e
incluso crearon una religión con su figura. No podemos darnos el lujo de
“castigarlos”, ya que no tenemos más, el ansiado “recambio” parece sólo
llegar a goteras. ¡¡¡¡Pero cuidado!!!!, llegó “Big Ben”, y así como él,
¿quién dice que en un tiempo más el equipo de todos tenga sólo a
jugadores “repatriados” o “nacionalizados” por tener madre, padre,
abuela, abuelo, tía, tío, etc. que nació por casualidad en nuestro país y
no sepa ni siquiera ubicarnos en el mapa?. ¡¡¡Si hasta nos ha hecho
olvidar al “niño maravilla”!!! Creo que esto ayudará a que los jugadores
se tomen en serio su rol, sus actos son imitados por niños y jóvenes,
ya que ven en ellos un modelo a seguir.
Vamos
“chilito” danos una alegría en medio de tanta tragedia, por favor. No
dejemos pasar 100 años más sin un logro relevante. El fútbol no es lo
más importante en la vida, al fin y al cabo sólo es un juego, pero
caramba que ayuda en estos tiempos de tanto encierro, incertidumbre y
temor. ¡¡¡Vamos que se puede!!!