El
contundente triunfo electoral de la opción Rechazo en el plebiscito de
salida registrado el pasado domingo sin duda quedará en la historia de
nuestro país. En primer lugar, por la gran cantidad de ciudadanos que se
dieron cita para participar en este proceso democrático al cual
estábamos convocados. El recuento final para las estadísticas nos dice
que fueron más de 13 millones de votantes que concurrieron a las urnas.
Claro
está que el texto constitucional sometido al escrutinio no estuvo
exento de críticas y cuestionamientos. Aunque se intentó sepárarlo del
desarrollo del proceso de redacción a cargo de la Convención
Constitucional, no fue posible. Recordemos que esta instancia tuvo un
camino muy tormentoso por varios episodios negativos, pero no podemos
desconocer que también hubo integrantes que actuaron en forma seria y
responsable.
Lo
cierto es que, tal como estaba trazado el camino, el domingo pasado los
chilenos y chilenas debimos concurrir a las urnas a pronunciarnos por
una de las dos opciones, ganando contundentemente la opción Rechazo, que
se impuso en todas las regiones de país. Pero no solo en las regiones,
también en 338 comunas, de un total de 346, es decir, solo ocho comunas
marcaron las preferencias para el Apruebo. Aquí en Magallanes el triunfo
del Rechazo se dio en todas las comunas.
El
resultado final de este plebiscito sin duda ya despierta interés de los
analistas políticos y de quienes están dedicados a las mediciones,
encuestas que si bien todas marcaban una tendencia favorable al Rechazo,
se quedaron cortas en cuanto al porcentaje final, con una distancia de
22 puntos, resultado que no estaba en la mente de nadie, ni de los más
optimistas, de ahí el interés en saber por qué este desenlace.
Pero si nos preguntamos y tratando de interpretar a los 8 millones de chilenos
que dijeron no al texto, podríamos recordar posturas y discursos
maximalistas de algunos convencionales, que a ratos actuaron con
soberbia, haciendo de este proceso una disputa entre buenos y malos, lo
que peor, sin querer escuchar ni transar, pues se creían dueños del 80%
de los votos del plebiscito de entrada, en donde la ciudadanía se expresó en octubre del 2020 diciendo que quería una nueva Constitución para Chile.
Ese
no querer escuchar ni transar finalmente se vio reflejado en un texto
que no interpretó a la inmensa mayoría de los chilenos, quienes fueron
los que tuvieron la última palabra en las elecciones del pasado domingo 4
de septiembre. La voz del pueblo se escuchó fuerte y clara, así lo
reconoció al final del día el propio Presidente Gabriel Boric, quien, al
dirigirse al país, dijo que dará garantías para un nuevo proceso que
nos lleve a redactar un nuevo texto constitucional.
La
votación que obtuvo el Rechazo claramente fue transversal, no fue un
logro de la derecha o de la izquierda, ni tampoco de los extremos, fue
un logro de los chilenos y chilenas que
quieren una nueva Constitución, pero que los interprete, sobre todo que
no nos divida, con paridad de género y representación de los pueblos
originarios, nadie se puede restar, pues todos estamos convocados por el
bien de nuestro querido país llamado Chile.