La tendencia se ha ido agudizando en el último tiempo, porque las ofertas de los más diversos productos, bienes y servicios se han hecho masivas y, con el apoyo de avanzadas técnicas publicitarias, “todo parecía y parece estar al alcance de la mano” afirma un consumidor aproblemado.
“Es que, además, no queremos ser menos que los vecinos de este condominio de clase media. Y si los de la casa de la esquina se fueron de vacaciones al norte por un mes y regresaron tostaditos porque en La Serena y el Valle del Elqui hay sol casi todos los días, la presión de la familia te obliga, aunque tus ingresos no te den y así fue como nos endeudamos”, señaló Juan Pablo, de 43 años, empleado.
También están las exigencias de los hijos adolescentes, tanto en vestuario, aunque no mucho frente a los nuevos celulares y sus aplicaciones, más los tablets y otras monerías tan propias de los avances tecnológicos”, indicó Jimena.
Los adolescentes, en su mayoría, gustan de usar “ropa casual”, pero jamás se van a vestir con poleras, jeans, parkas o zapatillas de cualquier marca o con procedencia china, y así van irrogando gastos que, finalmente, complican a los padres, estén juntos o se hayan separado.
Porque esa situación es también responsable del endeudamiento de muchas personas, especialmente de los varones que tienen la dura misión de vivir, mantener el nuevo hogar que formaron, o el departamento de soltero que ocupan, a veces con amigos en la misma situación y cumplir con los pagos de la pensión alimenticia o las costas de un divorcio.
Entonces, se piden préstamos, se utilizan los cupos de las tarjetas de crédito y “hasta donde se pueda, “ir haciendo la bicicleta”, es decir, postergar las cancelaciones de una o hacerlas con un mes de retraso o más, porque lo importante es que esos medios de consumo y pago no sean “reventadas”. Y está asociada a la fiebre consumista no sólo los viajes de vacaciones sino que, también, el cambio de auto o su reparación oportuna; los pagos de las mensualidades de los colegios y de las carreras que siguen los hijos y las hijas en universidades e institutos y uno que otro gasto extra, como disfrutar de una cena en un buen restaurante, de algún espectáculo artístico de moda o del recuerdo y la compra de licores y cigarrillos, los que fuman.
Pero eso no son todos los gastos comunes de muchas familias porque lo primero es lo primero y hay que estar al día con el dividendo de la casa donde esas familias residen y esperan terminar de pagarlas en ¿veinte? años.
Si se arrienda, hay que pagar el monto del arriendo y evitar que alguien parecido al mítico “señor Barriga” de la serie “El Chavo del Ocho”, aparezca con su maletín negro y expresión hosca o furibunda, exigiendo el pago del arriendo.
Sin embargo, en Magallanes hay otro gasto importante para vivir en estas frías latitudes: la cancelación oportuna de los consumos básicos, como el gas, la electricidad, el agua potable y los teléfonos, más el Internet y el cable (“y tiene que venir el plan con el Canal del Fútbol”, excusa ideal de muchos varones para no salir de casa los fines de semana y evitar gastos en tiendas o cafés).
Y no es preciso ahondar más en lo que impacta negativamente, por cierto, un accidente, una enfermedad o un incendio en las finanzas familiares y personales, por muy responsable y metódico que sea su manejo.
Y así, con ingresos que no alcanzan a cubrir estas necesidades, reales o creadas por los atractivos de las campañas publicitarias, un mes se atrasa el pago de esto, al mes siguiente, de esto otro y el castillo de naipes empieza a tambalear hasta que llega el momento en que se derrumba, con los efectos que muchos conocen y han sufrido en carne propia.
Y la guinda de esta torta es la de peor sabor y se llama despido, cesantía, desvinculación o término de contrato.
Pero ese alivio es pasajero porque ese mismo día, se hace necesario empezar a calcular, primero, cómo enfrentar los gastos comprometidos; qué ingresos puedo generar; qué podemos vender y ¿encontraré trabajo pronto? ¿Me pagarán lo mismo o tal vez menos?
Y entonces el casi SOBERBIO ¿Qué haré? Se transforma en un casi lacrimoso y angustiado “¿Qué haremos?
PERSEGUIDOS
Esos problemas no son de solución fácil y empiezan los llamados telefónicos que con voces suaves, primero, y perentorias después, recuerdan que tiene ¿una? ¿dos? ¿tres cuotas? De tal cosa que no han sido pagadas y anuncian el ingreso al informe comercial, el temido Dicom, que lo inhabilita para cualquier gestión financiera.
Los ejecutivos que eran amables cuando las cosas marchaban bien, se han puesto hoscos o lo consultan todo a otro nivel y la respuesta se torna vaga y, finalmente negativa: usted tiene Dicom y lo lamentamos, pero si lo arregla, se puede volver a conversar.
Y después, si no hay soluciones, ha de venir la empresa de cobranzas y los abogados especialistas en este tipo de labor, la recuperación de los dineros facilitados en su oportunidad.
Por la vía legal, muchas familias lo perdieron todo: casa, auto, menaje no imprescindible porque no pudieron (o no quisieron pagar, actitud que, en términos de rebelión contra el sistema financiero es mucho más dura que la de un montón de “revolucionarios”).
Hubo un doctor que permaneció un par de meses en esta región, de paso a Las Malvinas o Falklands, perseguido por una deuda millonaria, creada por su ex esposa y su ex mejor amigo y colega, mientras él hacía un curso de especialidad en el extranjero y que le costó una residencia y una clínica en una comuna de Apoquindo hacia arriba en Santiago.
Atendió a un paciente local agobiado por una situación parecida y que estaba al borde del ataque cardíaco, al cual aconsejó, alivió y dejó “enrielado” para que siguiera adelante por la vida, sin pagar un solo peso y, obviamente, lejos de su ex mujer y su ex amigo.
El médico hoy está radicado en Gran Bretaña, se desempeña en un par de centros de salud. Rehizo su vida sentimental, tiene dos hijos y hasta el año pasado, le enviaba postales y tarjetas de Navidad a su ex paciente, también recuperado integralmente, gracias a un taxi colectivo que le facilitó un amigo de verdad y que en dos años le permitió adquirir otro más, a nombre de su nueva pareja, por cierto, ya que él dice estar más desnudo que un recién nacido y confiado en la prescripción de lo adeudado, como más de un político poderoso.
EPÍLOGO
Muchos caminos de la vida no son como uno los esperaba, afirma Vicentico, y el aforismo sigue vigente porque las deudas siguen agazapadas, como gatos viejos, pero están en el registro histórico del sistema financiero.
La gracia, afirmaba un comerciante de éxito es no endeudarse más allá de lo posible; resguardarse debidamente y vivir cómodo, pero modestamente y haciendo oídos sordos, dentro de lo posible, a las ofertas, ofertones y “oportunidades” con las que del demonio del consumismo tienta a diario a las personas porque, como se afirma “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”, con o sin empresas de cobranza, teléfonos, cartas, abogados y requerimientos judiciales.