No hay que ser humano para triunfar en Twitch

Cuando
escuchamos de streamers que están siendo tendencia en Twitch, nos
imaginamos, naturalmente, a personas. Es lo lógico, pero hace años que
en las plataformas digitales existe una fuerte popularidad por los
perfiles ficticios, creados por personas que eligen mostrar un personaje
virtual en lugar de su rostro y generan una comunidad (que ha resultado
ser bastante fiel).

En
esta línea, nos encontramos con un interesante fenómeno: “Ironmouse”,
cuenta virtual oriunda de Puerto Rico que se convirtió hace unas semanas
en la streamer número uno de Twitch, superando los esfuerzos de
celebridades de la era digital como “Auronplay”, “Ibai Llanos”, “El
Rubius”, entre otros.

¿Quiénes son estos personajes? Las personas detrás, talentosos creadores de contenido transmedia y la imagen que proyectan, se les denomina V-tubers.
“Ironmouse” es una de ellas, y con más de 96.000 suscriptores se
convirtió en la reina de la plataforma morada. Recordemos que cada
suscriptor paga un fee mensual que ronda los valores de cualquier
servicio streaming, por ende, también representa un potente soporte
económico para motivar a más creadores V-
tubers. Esto sin mencionar las ganancias de YouTube y la publicidad a través de redes sociales.

Más
allá de los beneficios económicos que significa tener éxito en una
plataforma como Twitch, nos encontramos con una enorme fanaticada que
está dispuesta a pagar y pasar horas de su tiempo mirando a un V-
tuber, escribiéndole como
si fuera una persona real, pero a la vez sabiendo que no lo es. Suena
extraño, pero si recordamos el éxito de series animé como Dragon Ball,
Naruto, One Piece u otros que se asemejan físicamente a los V-
tubers, podemos empezar a entenderlos.

A grandes rasgos, lo que hacen estos V-tubers es responder a dos cosas: a
la necesidad de pertenecer a una comunidad, con un líder que representa
un “ideal” y que genera una excesiva interacción con ellos, al punto de
querer pagar por elegir el look de un V-
tuber.
En segundo lugar, a darles el gusto a los millones de fans de la
animación japonesa, con un personaje que puede “cobrar vida” y hablar
con ellos. Es el equivalente a que nuestra caricatura de infancia se
convierta en V-
tuber
y podamos seguirla, con una persona detrás de la cuenta que decide
todo; el creador de contenido. Ellos tienen mucho mérito, ya que son los
encargados del V-
tubing –sí, ya tiene verbo-.
Ellos se dedican a crear material audiovisual, ejecutar programas de
animación, tener activas las redes sociales y crear el universo de este
personaje. Por el mismo trabajo que conlleva y su potencial recompensa,
ya existen en Japón –
no podía ser otro lugar– empresas dedicadas a la producción de V-tubers, tales como Activ8 y Hololive.

Estamos frente a una nueva dinámica en la creación de contenido, una que no se limita en temas: hay V-tubers
especialistas en deportes, moda, maquillaje, reacciones -para esto los
programas ofrecen movimientos faciales-, gaming, música y lo que se nos
ocurra. Una que hace rato tiene éxito en Asia y ya contempla a más de
10.000 V-
tubers mundialmente.

Simplemente, ya no necesitamos mostrarnos ni parecer en lo más mínimo humanos para viralizarnos en la red de redes.

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