¿Cómo
una pandemia en un par de meses pudo propagarse tan rápidamente por
todo el mundo? Jamás lo hubiéramos pensado. Y quizás veíamos hasta
lejanos aquellos cuentos sobre la Influenza de 1957 que nos relataban
añosamente nuestros padres y abuelos. Pero aquí estamos, en Magallanes y
en medio del Coronavirus, que incluso en el verano -en plenas
vacaciones- veíamos tan lejanas aquellas noticias que en ese entonces
solo venían desde Asia. Hoy esto nos tuvo confinados por 37 días en
Punta Arenas y ahora nos tiene semiencerrados. Hasta mediados de marzo
la enfermedad avanzaba como se esperaba, pero acá en la Región de
Magallanes y Antártica Chilena en abril se expandió rápida y
peligrosamente. Y vivimos días críticos. Ya conocemos casos cercanos de
muertes. Ya está afectando a personas que interactúan con nosotros,
algunos enfermos y otros que han salido de ese estado. Ellos nos narran
cómo se han desvanecido. Cómo tienen problemas para respirar y algunos
nos dicen que hasta les ha venido una taquicardia fuerte que terminó con
vómitos. Otros presentan una alta fiebre que no para. Y algunos ya
están internados e incomunicados. También ya ha ocurrido que nos hemos
cruzado con casos de pacientes críticos, con focos de neumonía y con
condiciones que empeoran a cada instante. Hoy muchos magallánicos como
usted o como yo, que hasta hace unos meses hacían una vida completamente
normal están internados, dejando a familiares con una angustia
terrible. Lo peor es no saber qué va a pasar, si tus pulmones van a
soportar o no. Y allí están también los equipos médicos visitando a los
pacientes tres veces al día. Los verdaderos de la primera línea. Porque
es tan errático esto, que no se sabe cómo va a reaccionar ese otro
organismo al que también se contagia. Porque muchos de los que poseen el
virus no entienden también que llevarlo consigo es como andar con una
pistola en la mano. Aquí hay un tema de responsabilidad general que
después de esto nos entregará muchas lecciones de vida. Acá lo que más
se agradece es poder volver a vivir. Por eso el encierro junto a la
familia no es nada, pese a lo prolongado que ha sido.