Recientemente
el ministro de Educación Marco Antonio Ávila señaló que, a propósito de
la presentación en el Congreso de los objetivos del Plan de
Reactivación Educativa, el mundo “enfrenta una de las mayores crisis del
desarrollo educativo de la historia reciente…”, esto, en relación a la
pérdida de aprendizajes y consecuencias socioemocionales a partir del
cierre de los establecimientos educacionales por la emergencia sanitaria
del Covid-19.
Las
medidas consideran, oportunamente, mejorar la convivencia escolar y la
salud mental, la asistencia y revinculación, junto con la implementación
de un plan nacional de tutorías. Aspectos considerablemente afectados
con el cierre de las escuelas durante la pandemia y los efectos
posteriores que hemos experimentado durante el último año y medio
aproximadamente, y que requiere de la adopción de medidas concretas,
inmediatas y también a mediano plazo.
Para
dimensionar los efectos educativos y sociales al que han estado
expuestos los estudiantes, la Unesco ha calculado que, los escolares en
todo el mundo han perdido 1,8 billones de horas de aprendizaje
presencial desde el inicio de la pandemia, con todo lo que esto
significa para las niñas, niños y adolescentes, y por supuesto sus
familias.
Una
nueva propuesta pedagógica surge y tiende a cautivar a grupos
familiares que optan por una enseñanza personalizada y que abarca
disciplinas variadas, tales como las artísticas, musicales, deportivas y
las áreas de la educación bilingüe, centrando su interés en las
habilidades y en el hábito de estudio. Por cierto todo esto en un marco
al que tradicionalmente ofrecen las escuelas y Liceos.
Importante
contribución a los aprendizajes es el ambiente familiar, cercano y
cálido que genera las condiciones óptimas para aprendizajes diversos.
Cuando
observamos la inseguridad en la que nuestros estudiantes se ven
obligados a concurrir a establecimientos que ayer fueron emblemáticos y
gozaron de un prestigio irrefutable, hoy se busca una alternativa que
haga mantener la confianza en un sistema innovador pero a la vez que
entregue respuesta a miles de familias que no claudican en pro de una
educación que este permeada por los conocimientos, pero de igual forma
en valores y principios que conformen un individuo integral.
Claramente
que, decirlo o comentarlo en el papel resulta bastante más sencillo que
llevarlo a la práctica, pero de alguna manera debemos comenzar a
implementar las propuestas.
Al
parecer el diagnóstico es bastante claro; la situación es compleja y
profunda pero al mismo tiempo, coincidimos en gran parte de los aspectos
que deben ser abordados con prontitud. Entonces, ha llegado el momento
de ponerse de acuerdo.
Los
problemas socioemocionales abarcan a todas las comunidades educativas
en su conjunto y es así como, resulta ser uno de los temas probablemente
más preocupantes que necesitamos asistir, desde el trabajo con
escolares hasta con los equipos
docentes y asistentes de la educación. El apoyo de la academia y las
instituciones de educación superior en la región puede ser relevante en
este aspecto para la promoción y fortalecimiento de la convivencia
escolar, por mencionar algunos de los objetivos.
En
el plano curricular, junto con la recuperación de los aprendizajes, la
realidad nos invita a mirar la planificación de programas de estudio de
cara al futuro, con estudiantes plenamente activos, familiarizados con
la innovación, la tecnología como herramienta compañera,
que respondan a sus propias necesidades formativas y a la de una
sociedad donde sean protagonistas bajo una perspectiva de principios más
justos y solidarios.