Chile
ocupa el primer lugar en términos de conectividad a internet en
Latinoamérica, de acuerdo con distintos rankings, y esa realidad es
natural para quienes viven en las grandes ciudades, gracias a los
avances en extensión de fibra óptica y redes móviles. Sin embargo, este
importante avance no nos debe hacer olvidar las dificultades que
enfrentan quienes viven en sectores rurales y alejados del país, cuya
experiencia de navegación es decepcionante. Más aun: de acuerdo con las
cifras más recientes divulgadas por la Subsecretaría de
Telecomunicaciones, son cerca 160 mil personas las que viven sin
internet ni red de celular y son más de 1.495 localidades las que se
encuentran en esa situación.
Muchos
de estos territorios enfrentan claros desafíos para beneficiarse del
salto que ha dado el país en materia de conectividad, debido a que su
aislamiento geográfico y su baja densidad poblacional hacen
económicamente inviable la financiación de grandes inversiones.
Para
resolver esta realidad existe la oportunidad de evaluar otras
tecnologías distintas de las que tradicionalmente hemos asociado a la
conectividad, para identificar aquella solución que no necesita de
cables ni grandes antenas de telefonía móvil: la conectividad vía
satélite. Es la única tecnología capaz de ofrecer conectividad de alta
velocidad inmediata a los puntos más remotos del país. Hoy, mediante la
instalación de una antena de solo centímetros de diámetro, cualquier
hogar, recinto educativo o de salud, centro comunitario o negocio que
cuente con vista despejada hacia el norte puede conectarse con el mundo.
Y
esta solución no es solo para hogares. El internet satelital también es
una oportunidad para el emprendimiento en zonas aisladas, al permitir
soluciones a medida para proyectos empresariales, sin importar al lugar
del país en que se encuentren.
Las
tecnologías son oportunidades al servicio de quienes las necesitan.
Alternativas como la que ofrece Hughes, firma que impulsa el internet
satelital desde hace 3 años en Chile, están hoy al alcance de la mano.
Es nuestra decisión como país aprovecharlas.