Para cerrar el proceso constitucional (2ª parte)

Se ha insistido por algunos que de ganar el En Contra el proceso constitucional se detendría, porque la izquierda no tendría ni la fuerza ni los votos para comenzar un nuevo proceso. Esta afirmación en principio me parece correcta y la comparto. En teoría y viendo la correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados y en el Senado, las fuerzas de izquierda no tienen los 4/7 para modificar la actual constitución. Se dice entonces que por ello al ganar el En Contra se termina toda pretensión de cambio constitucional. Veamos.

En la Cámara de Diputados para reformar la constitución vigente se requiere el voto conforme de 89 diputados y diputadas en ejercicio. Ciertamente las fuerzas de izquierda ni de centro izquierda tienen los 4/7 que equivalen a 89 representantes. En el Senado sucede lo mismo, pues se necesitan 29 votos que tampoco los tienen. Sin embargo y dada las actuaciones políticas anteriores, es previsible que representantes de la derecha presten sus votos para modificar la constitución vigente porque ¿con qué argumento válido para la ciudadanía la derecha se opondría vía reforma constitucional, a no incorporar en la actual constitución el concepto de Estado Social y Democrático de Derecho si en su propia carta lo incorporaron? Entonces los votos estarán en el Congreso. Igual situación sucede con la judicialización de muchos derechos sociales contenido en el proyecto y que no está contemplado en la carta fundamental vigente. Representantes de la derecha una vez más sumarán sus votos para estos efectos.

Ganando el En Contra el proceso de cambios constitucionales no se detendrá. La izquierda sabe que en el Congreso Nacional puede conseguir los votos para impulsar los cambios fundamentales que aspiran y que no han podido conseguir plebiscito mediante ni en elecciones. Creer que un importante sector del país depondrá sus aspiraciones políticas al ganar el En Contra, no se condice con sus históricas pretensiones. Sin embargo lo más relevante en esta situación es que serán sectores o políticos individuales de la derecha que concordarán con la izquierda reformas constitucionales. Esto ya lo han hecho antes y no hay razón que impida que en el futuro se vuelva a repetir.

Estamos entonces en esta especie de callejón sin salida, en que cualquiera sea el resultado del plebiscito próximo, habrá o reformas constitucionales profundas o derechamente una nueva constitución. El camino correcto me parece, para impedir un goteo incesante de reformas constitucionales que se vendrá si gana el En Contra, es estar a favor del proyecto constitucional. En este sentido es mejor el original que una copia mal hecha en la que se convertirá la actual constitución con los injertos que pretenden hacerle.

Por otro lado es necesario reiterar que si bien el proyecto a plebiscitar no es fruto de un amplio consenso, este hecho no la hace ilegítima, ni es razón suficiente para estar en contra. La demanda esencial de una parte de la clase política fue que era necesaria una constitución redactada en democracia. Y el proyecto fue redactado con todas las garantías democráticas y una instancia elegida por el pueblo.

Se hace urgente luego terminar con el ciclo de ensayos constitucionales. Es el A Favor la única opción que tiene este efecto. Las promesas de si gana el En Contra no se retomará un nuevo proceso constitucional, es engañosa. Nada impide y con seguridad así se hará que pretendan vía reformas constitucionales seguir con la discusión de este tema, lo que continuará con la inestabilidad institucional.

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