¿Para qué ganar las elecciones?

Las fuerzas de oposición
al actual gobierno socialista comunista parecen sacar cuentas alegres
para las elecciones de octubre próximo. Como si por default fueran a
ganar dichas elecciones. Lo lógico según ese razonamiento es que no
cabría sino esperar el paso del tiempo y las gentes votarán por ellos.
No toman en cuenta el insólito 30% de apoyo irrestricto que tiene este
gobierno, que hace competitivos por ese solo hecho, a los candidatos
oficialistas. Tampoco se aprecia que están conscientes de que deben
ganar muchas alcaldías y gobernaciones, pues la pérdida de éstas fue
profunda en las últimas elecciones. Entonces surge la inquietud de para
qué quieren ganar los comicios de octubre de este año.

Luego
del retorno a la democracia, las gentes han podido valorar a gobiernos
de centro izquierda, de ultra izquierda como el actual y a gobiernos de
centro derecha. El resultado más o menos claro es que las personas no
están muy conformes con el estado actual de las cosas. El deterioro en
muchos ámbitos de la vida nacional es evidente, pero las razones
profundas de tal desgracia, no lo son. Los dos gobiernos de centro
derecha no han develado las causas que han llevado al deterioro
económico y social del país. Dichos gobiernos elevaron con cierto éxito
el estándar económico de las personas, pero no se animaron a combatir
las ideologías que están detrás de tal ruina moral y social.

Si
sucediera que el próximo gobierno nacional fuera de centro derecha o de
derecha, cabrá pedirles valentía, arrojo y decisión ante el avance de
las ideologías que ex profeso desean el descalabro del país. Valentía
para ir terminando con el lenguaje inclusivo en el aparato público, que
no hace más que confundir a quienes no tienen un criterio aún formado.
Terminar con los privilegios a jóvenes que por quemar medio Chile, se
les debe de pagar una pensión vitalicia, mientras quienes dieron su vida
por el país con su trabajo y esfuerzo, reciben pensiones miserables.
Terminar con la violencia desatada en las calles, donde mueren niños y
jóvenes a manos de quienes desprecian la vida. Esto requiere coraje y
decisión de hierro, porque la respuesta de la delincuencia ante el acoso
policial, será brutal y sanguinaria. Terminar con el decrecimiento
económico y para ello, se debe estimular la inversión nacional e
internacional, bajando impuestos y haciendo atractivo para las empresas
invertir en el país. Terminar con el desorden político producto de la
genial idea que tuvieron años atrás los parlamentarios, de atomizar las
fuerzas políticas, lo que ha devenido en leyes y políticas nacionales
contradictorias. La proliferación de pequeños partidos políticos, casi
pymes parlamentarias, ha dañado demasiado al país y es hora de
reformular el sistema político. Terminar con la corrupción que está
ahogando al país, dictando leyes muy severas para quienes incurran en
estas prácticas, que deben incluir penas de cárcel sin salidas
alternativas ni cumplimientos sustitutivos a la prisión. Regresar la
autoridad a los profesores en los colegios, quienes están atados para
corregir incivilidades de los alumnos en clases. Restablecer el mérito y
reconocimiento a aquellos alumnos y sus familias que se esfuerzan por
obtener buenos resultados académicos. Brillar con luces propias a pesar
de las dificultades, no será nunca una ofensa para quienes no desean
hacerlo.

¿La
oposición querrá obtener el gobierno sólo para administrarlo o
entenderá que la tarea es tan profunda que requiere no sólo ganar sino
también revolucionar a este país?

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