El
5 de mayo el Presidente Boric anunciaba que los planes especiales de
desarrollo de zonas extremas (PEDZE) pasarían a ser una nueva política
nacional permanente. Una buena noticia para la economía regional,
golpeada fuertemente por la pandemia. Sin embargo, nada se dijo de los
tiempos, y pasados 6 meses aún no tenemos novedad de los plazos, los
montos, los responsables, ni de los proyectos, menos aun de la
participación de la ciudadanía en la priorización y conformación de la
cartera de proyectos.
El
programa Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas (PEDZE) nace el
año 2014, por mandato de la presidenta Bachelet, y buscaba generar
condiciones de inclusión en regiones extremas, que permitan igualar
oportunidades de inversión en bienes y servicios públicos, respecto al
resto del país. De esta forma, en un proceso participativo de 100 días
se logró aprobar una cartera de proyectos, equivalentes a 10 FNDR, en
cada una de las regiones beneficiadas.
Siendo
quizás mezquino en el análisis, el PEDZE tuvo la virtud de ser una
política descentralizadora en que la ciudadanía de los territorios
priorizó su inversión, se innovó haciendo justicia al flexibilizar la
metodología utilizada para evaluar los proyectos, y la cuantía de los
fondos permitió aprobar iniciativas onerosas que de otro modo habrían
tenido escasa oportunidad de ser financiadas.
El
anuncio del presidente Boric declarando una política pública permanente
en el tiempo evidenció que las limitaciones de las regiones extremas
son una condición que difícilmente pueden ser solucionadas en el corto o
mediano plazo. Es por lo mismo que el anuncio fue asociado a la idea de
que se inyectarían prontamente una importante cantidad de recursos
adicionales, que permitirían dar un impulso a la alicaída economía
regional, y que se financiarían una serie de proyectos de gran
envergadura, difíciles de aprobar vía FNDR. De igual forma, se esperaba
que el trabajo conjunto de la delegada regional y el gobernador
permitiría coordinar un proceso de participación, discusión,
priorización y estrategia para cristalizar una cartera de proyectos que
dinamice el desarrollo económico y social de Magallanes. Pero a 6 meses
aún no hay anuncios, novedades o un trascendido que nos permita ver con
mayor optimismo el futuro regional.
¿Qué
pasa con el PEDZE 2.0? ¿Quién está a cargo de materializar esta
iniciativa? Con urgencia se debe explicitar si habrá recursos frescos
prontamente o en qué plazos. La incertidumbre asociada al PEDZE crece a
diario, en especial cuando ninguna autoridad hace referencia a esta tan
ansiada herramienta. Todos sabemos lo gravitante que es la inversión
pública en Magallanes, y el PEDZE ofrece más dinamismo económico. De
esta forma, la incertidumbre frente a la materialización del anuncio de
un nuevo PEDZE afecta negativamente las decisiones de inversión,
producción y consumo de los diversos actores. Mientras tanto crece la
idea que no se está haciendo nada o que alguien lo está haciendo a
escondidas, a su antojo (o interés).
Magallanes
tiene aún proyectos pendientes para su desarrollo. La pandemia nos
evidenció que debemos invertir en seguridad agroalimentaria y así
producir alimentos nutritivos y en suficiente cantidad que permitan
satisfacer nuestra demanda local. Se debe invertir en conocer y
conservar nuestra biodiversidad y sus múltiples usos y beneficios.
Tenemos una deuda con el fortalecimiento del capital humano y sus
expresiones. Debemos enfrentar nuestras fronteras interiores y proponer
nuevas áreas de desarrollo mejorando la conectividad e infraestructura,
especialmente en el archipiélago fuego-patagónico. Debemos dar un paso
agigantado en el acceso a nuevas tecnologías en los diversos ámbitos de
desarrollo. Y seguramente a todos se nos puede ocurrir en qué brechas
invertir. La pregunta es ¿cuándo comienza el debate participativo?