Primer debate televisivo

El lunes recién pasado los candidatos presidenciales
de Unidad Constituyente, Paula Narváez (PS), Yasna Provoste (DC) y
Carlos Maldonado (PR), se enfrentaron en el primer debate televisado, de
cara a lo que será la consulta ciudadana del 21 de agosto. En términos
generales, el debate fue algo aburrido, con pocas sorpresas y emociones.
Con tiempos cortos de respuestas se esperaban ideas más concretas y
directas, marcando diferencias. Pero en gran parte del debate se
trataron con guante blanco, excepto en la última etapa, sin llegar a ser
agresivos. Paula Narváez, asumiendo ser quien más se la jugó para que
existiera debate, fue de menos a más, tensa y apretada al principio, a
fuerza de ideas y claridad en su exposición logró terminar con soltura y
empoderamiento, sacando a relucir, y anclándose en ello, un elaborado,
profundo y realista programa de gobierno. Yasna Provoste fue lo
contrario, fue de más a menos, muy suelta y risueña al inicio del
debate, con un buen dominio de los temas, aunque más como presidenta del
Senado que como candidata (al carecer aún de programa), en la última
etapa se vio contrariada con los cuestionamientos a la Democracia
Cristiana sobre su consecuencia con las ideas y programa del bloque.
Carlos Maldonado navegó sin sobresalto, quizás porque era el único que
no tenía nada que perder y su presencia y exposición ya era gran parte
de la ganancia; usó reiteradamente, en gran parte de la noche, el
argumento de ser el único que estuvo en el Servel el pasado 19 de mayo.

La
mayor fortaleza de las candidaturas de Unidad Constituyente fue que
existe un diagnóstico de país común, con soluciones bastante similares,
aunque los mecanismos presenten sutilezas. Lo ante
rior
es vital porque por tratarse de un próximo gobierno de transición,
producto de la redacción de una nueva Constitución, los acuerdos de
ideas programáticas, de transformaciones urgentes, de prioridades
sociales y económicas, deben ser las banderas que los llevarán a La
Moneda y que comprometerá el trabajo de los parlamentarios del sector.
El fin de las AFP y del sistema previsional de las Fuerzas Armadas, la
mantención de la gratuidad en la educación estatal, el mayor diálogo
político en La Araucanía, la prioridad en derechos sociales y el rol del
Estado en la reactivación de la economía país y hogareña fueron parte
de las coincidencias.

Sin
embargo, los tres no se mostraron muy cómodos respondiendo en torno a
su presencia como ministros en gobierno de la Concertación. Si bien las
tres candidaturas expusieron con claridad su orgullo de haber
participado en los gobiernos y destacaron algunos de los avances y
transformaciones alcanzadas, no dejó de llamar la atención que todos
incluyeron algo de dudas, como si el pasado concertacionista pudiera
dañar las pretensiones futuras. Qué de malo tiene decir que hicimos
hartas cosas bien y en otras nos equivocamos, bajo circunstancia
adversas y limitantes. Chile requiere compromiso y experiencia que
asegure gobernabilidad, para avanzar hacia un nuevo sistema económico,
social y político, que proporcione igualdad, justicia y dignidad a los
chilenos y chilenas, y nosotros representamos eso.

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