Una
de las muchas formas en las que solemos concebir la dictadura es como
un período en el cual nuestra democracia sufrió un quiebre profundo. De
esos oscuros 17 años, pueden existir múltiples interpretaciones que
oscilan entre la condena y la justificación. Sin embargo, es innegable
el hecho de que nuestro pueblo vio anulado su derecho a participar en la
vida política de nuestro país, enfrentando una dictadura violenta y
desmesurada que no permitía el florecimiento de ideas que se alejaran de
lo que ellos promovían como el camino a seguir.
Esto
es parte de nuestra historia y, de manera inexorable, de nuestro
presente. Las discusiones que surgen conmemorando los 50 años del golpe
de estado nos llevan a resucitar puntos de vista que parecían obsoletos,
pero que han cobrado relevancia en los últimos años. A medida que la
polarización política se arraiga y expande a distintos espacios de
nuestra sociedad, vemos proliferar ideologías que no valoran la
democracia y, peor aún, personas que justifican e incluso hacen apología
de lo ocurrido. Esto es algo que no podemos permitir.
Tanto
en Chile como en toda América Latina podemos observar cómo la
democracia está perdiendo su vigorosidad. Ante esta realidad, expandir
los espacios de participación ciudadana en la toma de decisiones se
convierte en un desafío ineludible. Esto se erige como un contrapunto a
un poder excesivamente concentrado que tiene, potencialmente, la
capacidad de reducir unilateralmente nuestros derechos y libertades en
beneficio propio.
Debemos
ser capaces de desdibujar los límites de nuestra democracia, buscando
su ampliación y una mayor influencia de la ciudadanía y las
organizaciones de la sociedad civil en la toma de decisiones. Nuestro
objetivo debe ser acercarnos a un país que incluya y no excluya, donde
todas y todos tengan voz y voto en la construcción de un futuro más
justo y democrático.
Es
esencial recordar que, aunque la historia nos haya marcado con momentos
difíciles, somos capaces de forjar un mañana mejor si trabajamos juntos
para fortalecer nuestra democracia y asegurar que nunca más en Chile
tengamos que enfrentar las sombras de la dictadura. Sigamos luchando por
un país donde la libertad y la justicia prevalezcan, donde la voz de
cada ciudadano sea escuchada y respetada. Ese es el legado que debemos
construir para las generaciones venideras.