Costó tanto lograr un
proceso democrático donde incluso haya paridad legal establecida, para
que nadie quede fuera. Significó graves daños, tanto físicos para
quienes sufrieron injustamente en las manifestaciones, como también en
la economía familiar de aquellos cientos de chilenos y chilenas que con
el trabajo del día a día, logran llevar el pan a la casa, pero que se
vieron por un periodo bastante importante sin ingresos, porque abrir el
negocio era un riesgo en días tan convulsos (si es que estos negocios
aún existen) y por imposibilidades de trabajo y seguridad por los hechos
ya conocidos entre todos nosotros, y que no son materia de esta
redacción.
El
debate se instaló en nuestras casas casi como una conversación
obligatoria donde opinar parecía la forma de hacer ver nuestras posturas
frente a los urgentes cambios que, con ímpetu, se pedía en un solo
grito nacional, y de esta forma en nuestros hogares, buscábamos
consensos entendiendo toda diferencia como una forma de construir unidad
en conjunto. Costó, claro que costó, porque hubo bloqueos
permanentes y mucho cruce de información en un colectivo nacional
desinformado, donde parece que verificar la información es más difícil
que creer la primera noticia falsa que se vuelve viral… y aquí estamos
hoy, a casi dos meses de la instalación de una convención que ha
trabajado, sin duda, porque entre 155 manzanas de un cajón, hay frutas
muy buenas y otras ya podridas, pero miro con preocupación el desarrollo
de este trabajo, porque no podemos esperar que esas manzanas ya
descompuestas, pudran al cajón entero para que nada bueno resulte de
aquí. Y esto lo digo, porque si entendemos que democracia es una forma
de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto
de la ciudadanía, el conjunto debe ser también llamado a que, en las
diferencias propias de grupos tan diversos, se respete toda postura
mientras esta no sea contraria al orden público ni cuya imposición
signifique menoscabo a otros sectores, como lo ha querido mostrar un
grupo de convencionales caprichosos, que cuando lo que escuchan de la bancada contraria no les gusta, solo saben enviarlos a comisión de ética.
Señores,
dejen de perder el poco tiempo que les queda en discusiones tan
banales, y esa energía por la que discuten sus posturas ideológicas,
transfórmenla en derechos y garantías sociales para las que fue
requerido vuestro trabajo, porque no nos interesa como ciudadanos si
entre ustedes se caen bien o si algún constituyente les miró feo y por
eso no quieren sesionar, ya que fueron elegidos precisamente para
representar intereses y plasmarlos en una carta fundamental, que hasta
aquí, solo permite presumir que debemos rechazar, porque de derechos y
garantías urgentes, NADA.