Como en todo oficio (porque es más eso que profesión), la pedagogía labora día a día por edificar el hombre, la mujer del mañana, es una mirada que traspasa el horizonte inmediato, como dice la canción “una flecha dirigida al corazón del cielo”… Muchos se quedan en lo inmediato, en la mirada mezquina del presente (ésa que coarta, limita, condiciona), la pedagogía la han destruido aquellos que solo quieren el resultado efímero, el puntaje exitoso, salir en el ránking, “ser los mejores”, estar en las estadísticas… Y, en esa carrera del “éxito pedagógico” (la zanahoria delante del burro), todo lo demás ha quedado a la zaga: valores, hábitos, conductas que permanezcan, construcción de un ser humano mejor… Ahora, en plena y terrible pandemia, ojalá varios iluminados hayan entendido (salvo el ministro que persigue su zanahoria), que la educación no es solo instrucción, que la “pedagogía presencial” no es solo estar en el aula entregando contenidos muchas veces de dudosa utilidad, es estar “con”, “junto a”, es “acompañar”, es “conducir”, porque pedagogo es el que conduce, camina junto al ser humano niño-joven que algún día recorrerá su propia senda y, cuando más nos alejemos de la fórmula vacía, del esquema, del objetivo sin sentido (una paradoja, por cierto), de la instrucción en sí misma, la educación seguirá en el limbo en que se encuentra: experimentando, ensayando, probando éste o cual modelo que la mayoría de las veces no guarda relación con nuestra idiosincrasia, con nuestra alma, nuestro ser… ¿Finlandia, Nueva Zelandia?, bien por ellos, pero no somos finlandeses ni neozelandeses, seguir persiguiendo una zanahoria absurdamente habla mal del burro, no del fruto… Algún día, “más temprano que tarde”, el sueño de abrir alamedas será realidad y comprenderemos que no es la corona, ni las joyas que la adornan, sino quien la ciñe el verdadero actor de un proceso educativo con sentido, con objetivos… Pero, todo apunta a la inversa, todo es triunfalismo, éxito, todo es discriminación, segregación, todo es un trámite, un número más para seguir como estúpidos tras la zanahoria para que la OCDE te felicite… Cuando la educación esté nuevamente en manos de los profesores (porque nos la despojaron), nuestro país retomará la senda de la educación como oficio, trabajo constante y diario no por entregar un contenido, sino que para alcanzar los límites, el horizonte, el futuro… Es un desafío que no puede seguir esperando el sueño de la resurrección, es un reto ineludible, un imperativo, pero no así como estamos, no así… Ni usted, ni yo, ni nadie tiene la fórmula definitiva, los profesores no tenemos la verdad, pero firmemente que caminamos en lo correcto… Muchos errores, sin duda, pero se ha demostrado con creces los aciertos, el oficio que no se detuvo ante la mirada que raya en lo despectivo hacia el magisterio, lo hemos demostrado antes, ahora más que nunca, mañana igual… El mundo no sería el mismo sin el oficio del maestro, maestra… Los de antes, los de ahora, los de mañana seguimos rotando el testimonio de la educación, de la esperanza, del futuro… Es cierto, a veces hemos fallado, nos cansamos, la derrota breve se ha apoderado de nuestros corazones, pero cada día, en cada momento y en cada esperanza, el magisterio seguirá, permanecerá hasta que un día esa anhelada dignidad se haga costumbre… Abrazos, colegas, abrazos a las amigas y amigos, abrazos a todo el magisterio… Ha sido un honor recorrer este camino junto a ustedes, a los que conozco, a los que no… Porque “El sueño existe” y anida en cada profesor te extiendo mi mano y te estrecho en un abrazo. Más que nunca y para alcanzar las grandes alamedas, feliz día maestra, maestro. Mi reconocimiento sincero.
P.D: menos para los burros que siguen tras la zanahoria.