¿Qué será de aquellas viejas columnas?

Hace
unos días, escuchaba hablar con nostalgia, de lo que significó el viejo
Gimnasio de la Confederación Deportiva de Magallanes. El mismo, para
las nuevas generaciones, que fue transformado, en el Hotel Casino
Dreams.

Escuchaba hablar, de los románticos tiempos
idos, de lo que significaba, en época de pobreza casi franciscana, el
más importante coliseo que, no sólo era el escenario del deporte, sino,
también de la cultura, el arte, la actividad social y la política.

Ese
vetusto gimnasio de columnas romanas, es y será irreemplazable, pese al
predominio de la modernidad, que hoy transita inmutable en los tiempos
que vivimos. Fue testigo, de los más trascendentes acontecimientos de
todo orden, realizados el siglo pasado. ¿Sabía o recuerda usted, que
antes existió el Festival de la Patria, que en el mes de la primavera,
cobijaba nuestro gimnasio? ¿Sabía o recuerda, que allí culminaba con
baile de gala, “La Fiesta de la Primavera”? El viejo Gimnasio, hecho a
ñeque y pulmón por la comunidad, fue derribado, por la pala, que llaman
de progreso y poderío económico. Sus antiguas columnas, se impregnaron
de encendidos discursos gremiales, sindicales y políticos; pero, por
sobre todo, el Gimnasio de la Confederación Deportiva, fue testigo de
las más grandes hazañas deportivas. El básquetbol y el boxeo, dejaron
allí sus mejores performances e impronta.

¡Cómo
olvidar, recién inaugurada nuestra joya ciudadana, en la década de los
50, el triunfo logrado por nuestra selección de básquetbol ante el
potente seleccionado de Temuco, que nos permitió adquirir boletos para
concurrir a la Final del Nacional realizado en La Serena! Carlos
González- Arturo Traba- Tulio Valpreda- Alejandro Martí- Vicente
Karelovic- Ivo Radic, los hermanos Ojeda- René “Popeye” Cárdenas, y
también Pirincho Ojeda, conformaron la base de aquella selección que
dejó en el camino a las Saetas Verdes, cuna, de Bernedo, Lobos y los
hermanos Salvadores. ¡Noche grande de primavera!. ¿O acaso, no fue el
gimnasio, besado siempre por las olas del estrecho, el escenario de esa
proeza internacional, cuando el Sokol, reforzado con el Grasa González y
el Flaco Karelovic, y una excepcional actuación de Ivo Radic, logra
vencer al Goes de Montevideo, que recorría Chile en calidad de invicto,
con un equipo base del Uruguay, protagonista de los Olímpicos de
Melbourne?
.

¿O
será posible olvidar los triunfos de nuestro baloncesto esplendoroso,
frente a la Unión Española, la Universidad de Chile, y la mismísima
selección chilena? Se asoman con fidelidad, apellidos tan ilustres, como
Trap, Hald, Mauricio Rodríguez, Hernán Cabrera, “el Toto” Ríspoli, Pepe
Lagos y Rafael Araya como puntales ¿O será fácil olvidar, cuando los
niños de Punta Arenas, sin imaginárselo ni poponérselo, se transformaron
en verdaderas leyendas al ser cinco veces consecutivas, Campeones del
Básquetbol Infantil de Chile, con Leoncio Urra primero, y Mariano Muñoz
después, en calidad de directores técnicos?.

¿O
podemos olvidar, quizás porque la memoria es frágil, la noche de los
viernes, donde la cita obligada era el boxeo? Ahí, vimos al campeón del
mundo de los moscas, el argentino
Pascual
Pérez. También al “Peloduro” Lobos, al invicto Rosarino, Héctor Hugo
Rambaldi, y Domingo Rubio, a los hermanos Loayza, a Raúl Astorga, Martín
Vargas, Alfredo Rojas, los hermanos Barcia, a los guapos iquiqueños,
los hermanos Prieto, al penquista Ulises Durán, al porteño Velásquez, y
al talquino Moya. En la retina, como si sólo hubiera ocurrido ayer,
está “el Mono” Clavería, perdiendo en un peleón, con nuestro pequeño
gran gladiador, llamado Mario Paredes. En el cuadrilátero, de ese
gimnasio de puerta giratoria, brillaron para quedarse para siempre: “el
Negro” Fuentes, “Tortilla” Hernández, los hermanos Águila, Lucho y
Carlos, los hermanos Montiel, Abdón Barrientos, Carlos Cid, Cornelio
Bosch, Alfredo Agüero, Lorenzo Ruiz, Fidel “Chuleta” Oyarzo, Ramón
Villegas, Checho Vargas, el gran Héctor Talma, “Cloroformo” Andrade,
Emir Valenzuela. Después pasaron otros, que iluminaron las frías noches
magallánicas, como el “Chilote” Alvarado, que hacían de vibrar a los
habituales espectadores, que, de manera multitudinaria, acompañaban
nuestro boxeo. Son tantos recuerdos, los que llevo prendidos contigo,
querido viejo y nostálgico Gimnasio de la Confederación Deportiva de
Magallanes. En tus paredes, resonaron fuerte el canto y la poesía de
nuestros primeros festivales folclóricos en la Patagonia, como tampoco
olvidaremos, el canto que, por la paz y la esperanza en días mejores
llegarían en días aciagos, y fueron capaces de contagiarnos. Ese ya ido
Gimnasio, que lleva el nombre de José Périch Zlater, tiene, historias y
añoranzas que son inagotables, y que algún día, continuaremos. 

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