Reordenamiento de la derecha (primera parte)

El
comienzo de un nuevo año está precedido, era que no, por balances del
período que dejamos atrás. Y ciertamente, en el ámbito político, hay
mucho que desmenuzar, reflexionar y proyectar de cara a desafíos,
escenarios, contextos, derrotas, oportunidades y muy especialmente
aprendizajes, lecciones de vida y de política que nunca están demás. Lo
anterior es parte del ejercicio que debieran hacer todos los incumbentes
pero muy especialmente la Derecha, no sólo local sino también nacional:
¿Cómo fue que dejaron escapar la elección presidencial más ganable,
desde el retorno a la democracia, a manos de un grupo de jóvenes “cuicos
progres” que les dieron una lección de cómo se hace y opera en
política? Los hechos nos remontarán a las primarias de 2021 donde, por
el lado de apruebo dignidad, el magallánico – y a la postre presidente
electo – Gabriel Boric daba el batatazo dejando en el camino al
comunista Daniel Jadue. En la vereda oficialista el independiente
Sebastián Sichel daba el golpe a la cátedra derrotando a Joaquín Lavín,
Ignacio Briones y Mario Desbordes. Los tres, a diferencia de Sichel,
apoyados por sus respectivos partidos políticos. Cabe mencionar que el
republicano José Antonio Kast se restó de participar en esos comicios
aseverando que estaría en la papeleta de noviembre para disputar la
primera vuelta. A todo esto, y ya hechos consumados, convengamos que el
comando de Kast nunca se preparó para disputar la elección presidencial
en segunda vuelta, ya que los números no les daban y su disposición más
bien apuntaba a negociar su apoyo a Sichel quien, en ese momento,
disputada el balotaje contra Boric. ¿Qué pasó en el camino? Que Sichel
estuvo cerca de dos meses y medio peleando con quien se le cruzará,
excluyó a los partidos de su comando y el trabajo de la campaña,
encerrándose en torno a un grupo minúsculo de personas que lo pueden
querer mucho, pero de política (además de humildad) poco y nada sabían.
Sichel, el otrora niño bonito de la derecha chilena, ganó la primaria
del sector bajo el trascendido de que su figura era la “única que podía
derrotar tanto a Jadue como a Boric” en una eventual segunda vuelta. Sin
embargo, para lograr ese cometido, lo único que tenía que hacer Sichel
era cuadrar al oficialismo bajo su liderazgo, asegurar los apoyos, dar
cabida y escuchar a los partidos, involucrar a las bases y avanzar a la
segunda vuelta (además de humildad, prudencia, gestión y escucha). En
ese escenario, la elección ante el joven Boric hubiera sido épica toda
vez que la ex Concertación no hubiera visto con malos ojos apoyar a
alguien que surgió bajo su alero, que se declaró permanentemente de
centro y lograba converger tanto miradas progresistas como liberales.
Por su parte, Kast no vislumbraba disputar la elección presidencial toda
vez que su rechazo (cercano al 50% en todas las encuestas) hacían muy
poco probable su crecimiento electoral. Cierto, no es menor la cifra
superior a los tres millones de voto obtenidos por Kast en el balotaje,
pero eso más bien responde a una suerte de “mal menor” y evitar la
llegada del comunismo al poder que adhesión real a una derecha más
conservadora: las chilenas y chilenos son, en mayoría, más tendientes y
proclives a la moderación política.

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