Rescatando algunos capítulos de los inicios del turismo regional

Existen
vivencias y personajes de la historia de nuestra ciudad que con el paso
de los años van quedando en el olvido, y es así como muchos creen que
la historia comenzó solo ayer y que fueron ellos los primeros
protagonistas. Sin embargo, existen capítulos y personajes que han
resultado fundamentales para llegar a lo que hoy día es (mejor dicho,
era hasta antes de la pandemia) la actividad turística regional. Corrían
los primeros años de la década del 60 y gerente de la Compañía Marítima
de Punta Arenas (Comapa), importante empresa marítima de cabotaje
regional, era el magallánico Carlos Hidalgo Riquelme, quien luego de
casi 20 años de trabajo en la Interoceánica de Vapores había llegado a
percibir el gran potencial que significaban las maravillas naturales de
la hasta entonces Provincia de Magallanes. Apreciaba que tanto la ciudad
de Punta Arenas como “distantes” destinos como Torres de Paine o los
canales y fiordos australes, tan interesantes como los nórdicos,
constituían atractivos que con el tiempo deberían transformarse en un
polo de desarrollo para la zona. Fue así como a comienzos de los 60,
aprovechando que se acercaba una reunión de la COTAL (Confederación de
Organizaciones Turísticas de América Latina) que se desarrollaría en
Buenos Aires, don Carlos preparó para llevar un carrete con diapositivas
de la región. Osvaldo Wegman H. le preparó un relato que se grabó con
la voz de Daniel Ruiz. Con ese material partió la que tal vez pudo haber
sido la primera promoción turística de Magallanes. Fue tal el éxito
alcanzado y el interés que los atractivos despertaron en algunos
ejecutivos de líneas de cruceros, que en 1965 llegaron por primera vez
los buques españoles de Ybarra, primero el “Cabo San Vicente” y luego
el “Cabo San Roque”, los cuales año tras año llegaban hasta nuestro
puerto con gran cantidad de turistas europeos. Luego les siguieron los
italianos de la Línea Costa, con el “Ana C” y el “Enrico C”. Sin
embargo, el boom se apreció cuando frente a las costas de la ciudad
amaneció el 25 de enero de 1972 uno de los gigantes de la época, el
“France”, que se estimaba era el tercer barco de turismo más grande del
mundo. El landing o desembarco de los pasajeros mientras la nave
permanecía a la gira en la bahía se hacía por medio de buques de la
Armada, como era el caso de la barcaza “Elicura”, que los recibía y
posteriormente los trasladaba hasta el muelle. La recepción de los
turistas se efectuaba a la salida del puerto y en la explanada cercana
se estacionaba una gran cantidad de las mejores micros de la
movilización colectiva de la época, vehículos que constituyeron la
primera flota de transporte turístico de Magallanes. En ellas se
realizaban city tours y excursiones al Fuerte Bulnes. Numerosos jóvenes
de la época eran reclutados por don Carlos para hacer de guías de estos
grupos. Posteriormente aparecen los grandes cruceros noruegos y suecos
de las compañías Kunksholm y Bergensjfeldes, buques que en varias
oportunidades desembarcaban grupos de pasajeros para hacer viajes hasta
Puerto Natales, y navegar en la original “21 de Mayo” hasta los
glaciares Balmaceda y Serrano. En 1969 Carlos Hidalgo viaja a New York
para una reunión con el armador Noruego Lars Limblad y su hijo Olaf,
quienes acababan de presentar un minicrucero de lujo, el “Limblad
Explorer”, y los convence de usar a Punta Arenas como base de sus
proyectados cruceros a la Antártica, los primeros de la historia. El
viaje inaugural se realiza en 1970, dándose así comienzo a los cruceros
antárticos que hoy nos resultan familiares. Esta es una rápida sinopsis
del comienzo del turismo marítimo regional, encabezado por un hombre que
vio el potencial que encerraba nuestra región y que era posible poner
en la vitrina de los grandes operadores marítimos de la época. Fue
también la decisión de una empresa regional que había sido fundamental
como empresa de cabotaje en el desarrollo del puerto libre con que gozó
Magallanes, pero que debía adecuarse a los nuevos tiempos. Hombres como
Carlos Hidalgo y posteriormente Ernesto Fernández de Cabo y Sergio
González fueron quienes pusieron todo su empuje y entusiasmo en lograr
que nuestra ciudad forme parte de aquellos importantes centros de
recepción del turismo mundial; es responsabilidad de los actuales
empresarios y autoridades regionales mantener y seguir incrementando la
estratégica ventaja que posee nuestra región, dotándola de los servicios
e infraestructura necesarios para potenciar su importancia en el
turismo marítimo.

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