Miedo,
desesperación, pero también una ambición desenfrenada gobierna hoy a
una clase política “que debe ser de lo peor en nuestra historia
republicana, por su ausencia de conocimientos, por su pequeñez, por su
extremo egoísmo”.
Kramer lo ilustra al retratar a Enojadue, parodia del candidato presidencial Daniel Jadue, en su espacio Conociéndote.
– “¿Con quién va a gobernar?”, le preguntan a Enojadue.
– “Con nadie, sólo con el Partido Comunista”.
– “¿Y el resto?”
– “Son todos de derecha”.
– “¿La DC?”.
– “De derecha”.
– “¿Y el Frente Amplio?”
– “Son unos pendejos… ¿Puedes borrar eso, lo que dije del Frente Amplio?”.
Lo ocurrido con el Tercer Retiro del 10% y el daño que recibirán los jubilados que deseen hacer uso de este beneficio, lo ilustra bien.
Peor
aún, mientras no dejan de alimentarse esperanzas y demandas de mejorar
las pésimas pensiones actuales, también crecen las ideas para hundir con
impuestos el sistema productivo que, al final de cuentas, será el que
financie toda la fiesta ofrecida. Y ni hablar de las distorsiones de
política monetaria, o sea el valor de la moneda, la inflación, que solo
unos pocos iniciados en esos temas, se atreven siquiera a avizorar.
Pero eso no importa. La máxima hoy para los políticos es: “Soluciones simples para problemas complicados”.
Es
verdad, los comités y los técnicos suelen enredar las cosas más de lo
necesario. Pero saltárselos trae siempre graves consecuencias.
Hace
pocos días, los parlamemtarios, entre ellos el senador Carlos Bianchi y
el diputado Karim Bianchi, vieron su oportunidad y lanzaron un proyecto
populista para un tercer retiro de fondos previsionales, incluyendo
ahora a los pensionados, y todos lucharon por subirse a él, como
náufragos de un Titanic que se hunde, de un país que se hunde, donde
cada cual busca un chaleco salvavidas para posicionarse de cara a un
futuro que pocos de ellos, intentan siquiera construir.
Peor
aún, si lo hacen, es desde la consigna fácil, el gesto para la galería,
casi sin estudios previos y sin hacerse cargo del daño que se
ocasionará a las futuras generaciones.
Y
mientras ello ocurre, se olvidan en masa las convicciones y principios y
el proyecto del Tercer Retiro, un mal proyecto como se verá después, sigue avanzando.
Piñera, porfiado, abandonado por todos, se aísla más aún de la realidad, sumergiéndose en sus pantallas,
sus gráficos y ese mundo digital que tanto comparte con su amigo y
cómplice, el jefe del Segundo Piso, Cristián Larroulet. Cree que puede
frenar el proyecto en el Congreso y sólo consigue radicalizarlo, y luego
se aferra al clavo ardiente del Tribunal Constitucional, donde su
presidenta, designada por él, lucha ya no por mantener su puesto, sino
quizá incluso de enfrentar a la justicia tras ingresar policías a las
oficinas de los jueces y otras irregularidades.
Desde
ese tribunal en llamas, le advierten a La Moneda que no cuenten con
ellos, que esta vez no hay ánimo, ni menos mayoría para tratar el
entuerto. En la Moneda, el Comité Político, como pocas veces, cierra filas y recomienda seguir el consejo.
Pero
la dupla Piñera-Larroulet insiste. Les llueven advertencias y amenazas
de las aseguradoras de ir a tribunales, incluso a los temidos tribunales
internacionales, esos que Chile aceptó hace mucho respetar si quiere
mantenerse en el círculo de los negocios internacionales.
Y
llega el dictamen del TC. Un rechazo tajante, estruendoso que se
escuchó hasta en la Luna… y lo peor de todo, histórico, pues nunca
antes un Gobierno había hecho un ridículo de esa magnitud, ante un
tribunal tradicionalmente, adicto.
Y
el proyecto, ese mal proyecto como se verá muy pronto, se convierte en
ley, a pesar de su clara inconstitucionalidad que ya a nadie le importa.
Y
entonces, sólo entonces, surge la cruda verdad. La Comisión de Mercado
Financiero determina que, conforme a la ley aprobada, los jubilados que
hagan retiro de su 10%, verán disminuidas sus rentas en la misma
proporción que el monto solicitado. Si se pidió un 8%, la pensión caerá
en un 8% para siempre.
“Es
horroroso. Una vez más los políticos jugando con el dolor y la
desesperación de la gente”, dijo la presidenta de la Unión Comunal del
Adulto Mayor, Rosa Hernández.
El
desconcierto fue total. Algunos diputados hablaron de una mala
interpretación. Luego se rindieron y en medio de la indignación, el
propio diputado Karim Bianchi tuvo que salir a anunciar otro proyecto de
ley, para enmendar el error.
Y
es que como manifestó el ex superintendente de Pensiones, Alejandro
Ferreiro, “los políticos no quieren asumir el costo político del efecto
del retiro de las rentas vitalicias”.
Otros
ven lo ocurrido con decepción. “Nadie gana con esto. Muchos de los que
están haciendo el tercer retiro lo hacen para tener un colchón en caso
de quedar cesantes o para el futuro. Si hiciste tres retiros por el
máximo, tienes que saber que tu pensión ya cayó en 60 mil pesos y que
para lograr tener esa pensión que podrías haber alcanzado, debías reunir
más de 12 millones de pesos en tu AFP que, por Dios que cuesta reunir”,
dice Sandra Espinoza, asesora previsional, quien también advierte: “las
aseguradoras tienen todo el derecho a recurrir a la justicia y demandar
al Estado por esto, con lo cual se daña la imagen del país como destino
para las inversiones”.
¿Imagen país?, ¿destino de inversiones?, ¿qué es eso?, ¿se come?, dirá más de alguien.
Pero
algo así, porque esas palabras etéreas ilustran principios que, sin
embargo, se traducen en hechos concretos como la posibilidad de llamar a
un laboratorio y decirle: “¿Me vende cinco millones de vacunas?”, y que
te digan que sí.
Y
llegamos al problema de fondo: las malas pensiones de la gran mayoría
de la población, ésas que no se lograron solucionar en décadas porque el
Mercedes Benz que diseñó su creador, José Piñera, hermano de actual
Presidente, no servía para todos los caminos que la vida les ofrece a
los habitantes de éste o cualquier otro país.
El
Mercedes nunca se transformó, pues los políticos prefirieron por años
mirar para el lado y disfrutar de sus granjerías y privilegios, con
jugosos puestos en los directorios de AFP cuando dejaban sus cargos,
para luego usar sus contactos para perpetuar el sistema y seguir beneficiándose
a ellos y sus círculos de amigos y de influencia. En definitiva, una
nueva forma de seguir su carrera, ahora, a costa del dolor de millones
de personas condenadas a la pobreza, cuando no a la miseria.
Pero
no se engañe. No es verdad que cualquier cosa es mejor que lo que
tenemos, porque no es así. El Índice Mundial de Pensiones de Melbourne
Mercer 2020, ubicó al sistema de pensiones de Chile como el mejor de
Latinoamérica.
¿Exagerado?,
tal vez, pero vaya a Argentina donde se eliminaron las AFJP, similares a
las AFP, para ver que no tienen pensiones mejores y, en cambio, la
inflación por falta de políticas monetarias –otra palabra etérea con
resultados prácticos- se come cada día los sueldos de millones de
personas y, sobre todo, de los jubilados que no pueden marchar, ni menos
hacer piquetes para pedir aumentos.
Se
requiere de más distribución, pero, sobre todo, más cotización, como
todos los estudios sobre la materia, incluidas las dos comisiones
creadas por la Presidenta Bachelet, Marcel y Bravo, tanto lo remarcaron.
Quien
no se adapta muere y, a la luz de los nuevos tiempos, el Mercedes
devino en una auténtica piñata para nuestros mediocres políticos que,
cual niños ciegos armados con enormes garrotes, intentan romper para disfrutar en masa de sus enormes beneficios… tal como hicieron en el pasado, habría que agregar.
Pero
a la luz de la forma como se gestionó el Tercer Retiro, del daño
generado a los jubilados con su aprobación, de los tristes incentivos
que gobiernan a nuestros
líderes, es dudoso que logremos un sistema más justo, solidario, pero
también más eficiente y, sobre todo, sostenible en el tiempo
para una población que no deja de envejecer y volverse cada vez más
sedentaria, sobre todo en un Punta Arenas en cuarentena, una vez más.