Como
se señalaba la semana pasada en esta tribuna la vida no tiene precio
desde la concepción, primicia que nos lleva a un desafío permanente en
materia de políticas públicas, emprendimientos, generación de
profesionales, focalización de recursos y evidentemente a una
perspectiva a corto, mediano y largo plazo en una región con
características particulares tanto en el medio geográfico, económico,
político y en la dinámica de la población.
El
tema de salud no se soluciona “declarando la salud un derecho”, vale la
pena revisar la historia reciente de América Latina para percatarse que
dictaduras como la Venezolana lo han establecido en su legislación al
igual que la felicidad, incluso en este último caso creando un
viceministerio, esto no ha evitado la falta de acceso y la migración
masiva de ciudadanos del otrora “perla sudamericana” a distintos países
del mundo buscando subsistencia, entre ellas acceso a salud y
evidentemente la búsqueda libre de su felicidad.
Es
de esta manera que en Magallanes debemos comprender que la generación
de infraestructura hospitalaria no necesariamente es proporcional al
acceso, evidentemente la infraestructura es importante pero mucho más lo
es el capital humano que es alma y corazón de estos “elefantes
blancos”, es decir profesional de alto nivel en todas las áreas y con
experiencias en sectores críticos que puedan marcar un aporte
fundamental en el acceso a servicio de salud de la población, mejorando
condiciones de vida y salvándolas en los momentos críticos.
Es
por lo tanto necesario sincerar cuales son los requerimientos reales,
comprender los desafíos de las zonas aisladas y generar las bases
esenciales para que la población en general pueda tener acceso a un
sistema de salud eficiente. Esto no pasa solamente por el
establecimiento de rondas médicas o la febril necesidad de estatizar
todo, esto no es la discusión “más Estado y menos mercado”, solo
basta realizar una visita casual a distintas ciudades de nuestra región
para percatarnos que no hay médicos especialistas tanto en el sistema
público como el privado.
También
debemos comprender el tremendo desafío de la comunicación terrestre,
problemática largamente debatida, en relación al acceso de salud.
Centralizar los recursos a la “espera de demanda” nos lleva a exponer a
la población a condiciones críticas para su evacuación, faltando
evidentemente instancias previas y recursos disponibles en distintas
zonas de la región.
Es
necesario por lo tanto generar incentivos para que profesionales de
alto nivel vean en la zona una perspectiva de desarrollo atractivo, esto
no tan solo pasa por sueldos y la infraestructura existente, también es
necesario considerar el permanente perfeccionamiento, generación de
instancias de vínculo con el mundo académico extranjero y nacional, así
como el cumplimiento de normas elementales para un desempeño de carácter
crítico en beneficio de la población.
Como
se ha expuesto en la presente reflexión la salud en Magallanes es un
desafío permanente, caer en la autocomplacencia que “estamos mejor que
antes” es evitar una discusión de futuro y proyectar los desafíos
pendientes que el mundo académico, político y estratégico ha planteado
en forma constante, este es un asunto de vida y eso supera cualquier espectro político partidista en el desarrollo de un plan de estratégico que beneficie a toda la población.
Quizás
sea bueno aceptar la ayuda externa como Fundación Acrux, es en
beneficio de la población y que el ego se quede en el cajón del inmóvil
escritorio.