Esta pandemia nos ha llevado a un cambio sustancial en nuestras vidas. Quizás no imaginábamos que el teletrabajo, el acostumbrarnos a pedir permiso para salir a comprar o reducir nuestra movilidad urbana, se iba a transformar en algo común en el desarrollo humano diario, y a la vez, una tarea muy dura de sobrellevar.
Y para que decir la enorme labor de los padres al tener que asumir un rol de profesor – además de la tarea de guiar a nuestras hijas e hijos – a la hora del desarrollo de su vida escolar diaria; o el cambio de vida que tuvieron nuestros adultos mayores, muchos de ellos en edad avanzada, que debieron prácticamente encerrarse en sus hogares por ser un grupo muy propenso a contagiarse del Covid – 19, con consecuencias fatales.
Aquí me quiero detener. Nuestra región, lamentablemente, se ha caracterizado históricamente por los altos índices de depresión por diversos factores, más que nada asociados a la forma en que debemos vivir el día a día, con noches muy prolongadas en invierno y días más que largos durante el verano.
Por ello ha sido una preocupación muy grande que la salud mental de nuestros adultos mayores haya empeorado durante estos meses de encierro, todo asociado a la pandemia del Covid – 19, ya que durante muchos meses no han podido realizar su vida en forma normal.
Eso ha sido realmente terrible porque la mayoría de ellos tienen una rutina diaria, asociada a que muchos de ellos ya están jubilados y no pueden ni siquiera a hacer sus trámites o asistir a los centros de salud ya que es una población de alto riesgo para contagiarse con corona virus; ir a sus clubes de adultos mayores o simplemente dar un paseo para pasar los días de descanso que merecidamente tienen ganados después de una vida de esfuerzos y sacrificios por sacar adelante a sus familias.
Incluso durante la discusión presupuestaria, frente al conocimiento de los problemas que esto estaba trayendo a nuestra gente, solicité un plan de salud mental para la población en general de la región porque es un tema realmente preocupante en Magallanes, hecho que ahora se ha visto incrementada por el encierro de asociada a la cuarentena que vivimos desde el inicio de esta pandemia.
No solo nuestros adultos mayores están sufriendo este problema, sino que también nuestros niños y niñas que tampoco están desarrollando su vida normal. Eso genera un problema familiar, ya que tal como lo señalaba anteriormente, sus padres están asumiendo varios roles, no solo como educadores, sino que también con muchas incertezas generadas por la feble economía de nuestra región que tiene muchos problemas asociados a la productividad generada por los largos meses que hemos pasado en cuarentena.
Para que decir los actores de los diversos sectores productivos de Magallanes como los independientes, las peluquerías, el turismo o la gastronomía que no saben para cuándo podrán despegar o retomar en parte lo que habían levantado antes del inicio de la pandemia.
En síntesis, la salud mental de nuestra población está en un estado de vulnerabilidad enorme a raíz de la incertidumbre y el encierro provocado por el Covid – 19.
Creo que como estado nos tenemos que hacer cargo de este problema. No basta con buscar mejorar los índices o salir de la cuarentena sino sabemos la forma en que enfrentaremos los efectos secundarios (relacionados con la salud mental de la gente) que tendrá en la población, especialmente en nuestros adultos mayores que, sin duda alguna, son sumamente vulnerables.
Por eso a través de oficios, le voy a solicitar al Ministerio de Salud conocer los planes estipulados y los recursos destinados para justamente, ayudar en materia de salud mental a nuestros adultos mayores, sector que sin duda alguna necesita mucho apoyo, al igual que muchos otros grupos en nuestra región, para seguir viviendo con algún grado de normalidad durante esta pandemia del Covid – 19.
Quizás hablar de normalidad es un poco aventurado, pero mientras más condiciones de tranquilidad le entreguemos a nuestros adultos mayores, les permitirá respirar más aliviados y enfrentar de mejor manera esta pandemia. Creo que es nuestra obligación como sociedad.