Tal
como suponíamos, el 18 de octubre fue un elemento que elevó varios
grados la temperatura del clima electoral y por ende aumenta la tensión
política en el país, lo que hasta este momento introduce incertidumbre
en el ambiente que se podrá evaluar pasado el 21 de noviembre.
Quiero
partir condenando de la manera más categórica la violencia suscitada
durante los movimientos en las manifestaciones efectuadas el día 18 de
octubre del presente, no podemos aceptar de manera alguna una
justificación a los hechos violentos y delictivos que de alguna forma
dañaron y perjudicaron las manifestaciones pacíficas que se realizaron
en el país, estos hechos violentos y delictivos que atentan contra la
democracia y el interés de todo un país, son absolutamente
injustificables, porque dañan infraestructura pública, atentan contra
chilenos inocentes, emprendedores y producen daños económicos de
magnitud, por lo que resultan absolutamente injustificados, mi opinión
no tiene dos lecturas estos hechos deben ser condenados por todos los
que creen en la democracia y lo que ella representa.
No
obstante, tampoco resulta justificable que una autoridad de la talla
del Subsecretario del interior Señor Juan Francisco Galli, pretenda
involucrar en forma vil a dos candidatos a Presidentes como es el caso
de Yasna Provoste Campillay y Gabriel Boric Font, al Constituyente
Fernando Atria y a otros actores políticos, está abierta intervención
electoral del subsecretario tiene un claro objetivo político en virtud
de la temida derrota electoral que se espera por el conglomerado que
sustenta al subsecretario en su cargo, nunca en una fecha tan cercana a
una elección política trascendental, un subsecretario del Interior había
actuado con tan escandaloso nivel de intervencionismo, más aún cuando a
este señor la constitución y las leyes le entregan la responsabilidad
del orden público, es tan brutal el nivel de la intervención que el
mismo Senador de RN Manuel José Ossandón la califica como
“absolutamente desubicada”, sin ningún pudor el subsecretario deslinda
la delicada tarea que a él le asigna la constitución como responsable de
guardar el orden público y sale en picada a responsabilizar a
candidatos presidenciales por una conveniencia política descarada,
mostrando un nivel de imprudencia de marca mayor, si pretendió de alguna
forma intervenir para salvar una candidatura que naufraga en medio de
la tormenta política en desarrollo, creo que la terminó de hundir,
cuando un parlamentario de su mismo conglomerado, haciendo uso de un
coraje que hay que reconocerle, lo desacredita públicamente.
Nadie
puede justificar los hechos delictivos que son de público conocimiento y
que ocurrieron en este 18 de octubre, lo que hubiese querido escuchar
en lo personal por parte del gobierno, es una reflexión de como
ordenamos la casa, primero especialmente en nuestras fuerzas policiales y
de orden, que están a su cargo y que mostraron absoluta deficiencia
para resguardar el orden público, es más ni siquiera pudieron
diferenciar entre manifestantes pacíficos y delincuentes.
Lamentablemente todos los acontecimientos ocurridos durante estos días,
solo nos terminan de convencer que no podemos seguir mirando para el costado
y es responsabilidad de todos colocar lo mejor de cada uno para con una
mirada de país, proceder a reorganizar, ordenar, refundar o como
quieran llamar la labor inevitable de las policías.