Llevamos
más de dos años con mascarillas y es muy probable que sigamos usándola
por quizás cuánto tiempo más. Pese a las vacunas y a que todos queremos
volver a una relativa normalidad, hay que tener muchas consideraciones.
Por ejemplo, a los niños hay que insistirles en la obligatoriedad del
uso de las mascarillas. Cuando su uso se convirtió en una medida
obligatoria en espacios públicos para combatir la propagación del
Coronavirus, a muchos nos cambió hasta la manera de expresarnos. Uno de
los dilemas que entró en discusión fue el peligro de sofocación en
menores, ya que por la conformación de su estructura facial y la
posición en la que se encuentren, podrían ahogarse o reinhalar aire poco
oxigenado. Para evitar su contagio –o que ellos mismos propaguen el
virus– su recomendación es obligatoria, pero se deben tomar las medidas
considerando siempre la ventilación. Para aquellos papás que aún están
lidiando con el hecho de tener que convencer a sus hijos para que las
usen, se recomienda, antes que todo, que los adultos partan con el
ejemplo. Los sicólogos infantiles recomiendan que es importante que nos
vean usándola y que les demos una impresión positiva de esto. Hay que
evitar alegar al frente de ellos sobre su incomodidad, olor y cualquier
comentario que sea despectivo. Los infectólogos recomiendan que se debe
seguir utilizando la mascarilla y en eso pese a que algunos países han
levantado su obligatoriedad creemos que no hay segundas lecturas. La
duda siempre quedará. La mascarilla ya se convirtió en parte de nuestras
prendas de vestir. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe, por mientras hay que
acatar las medidas de quienes saben más que cualquiera de nosotros.