Sin partidos no hay democracia… Sin militante no hay partidos

Sin
duda en los últimos años los partidos políticos están sufriendo una
profunda crisis institucional que cruza las ideologías políticas de
extremo a extremo, desde la izquierda, centroizquierda, derecha,
centroderecha; a algunos los golpea con mayor fuerza, otros en menor
grado, pero lo cierto es que nadie se salva.

Al
ver este panorama a nivel nacional y regional nos damos cuenta de la
crisis de confianza que muestra la ciudadanía hacia las instituciones,
lo que es preocupante, basta ver las encuestas para darnos cuenta del
desapego que muestra la gente hacia el mundo político y los partidos.

Pero
por qué este desapego, cuándo empieza este rechazo. Para muchos el
desprestigio se acentúa cuando se empiezan a conocer los casos de
corrupción, lo que abrió varias aristas que “salpicaron”, como se dice
en buen chileno, a personeros de todos los partidos; pero como siempre,
no todos asumieron responsabilidades, o bien la justicia no investigó a
fondo el financiamiento, por ejemplo, de las campañas y otros tantos
casos.

La
crisis institucional que viven hoy los partidos debe ser un tema de
preocupación, no podemos decir que mueran y que desaparezcan, ese no es
el camino correcto por más que se pretenda instalar la idea de que, con o
sin partidos políticos, la vida sigue igual; quizás la vida continúa,
pero no existiría la democracia, aunque algunos afirmen lo contrario.

Claro
está que no hay democracia sin partidos, no hay democracia que funcione
bien sin partidos, y si no hay democracia tenemos dos caminos, la
dictadura o la anarquía, y los chilenos ya conocemos lo que significó
una dictadura de 17 años, por eso siempre será mejor vivir en democracia
y para eso deben estar presente los partidos.

Pero
así como no hay democracia sin partidos políticos, tampoco existen
partidos sin sus militantes, que son el sustento institucional y que les
dan vida a los conglomerados, cuyo ingreso es voluntario, como a su vez
su salida, y lo que hemos visto en el último tiempo con masivas
renuncias no puede pasar inadvertido; los dirigentes no pueden
naturalizar lo que está pasando.

Sin
duda estamos frente a un sistema de partidos débiles y fragmentados,
solo basta mirar para el Congreso Nacional, en donde hoy son 22 las
fuerzas políticas que tienen representación, clara muestra de la
fragmentación. Por ejemplo, la izquierda se fraccionó hace unos años, lo
que dio origen al Frente Amplio. Por otro lado, la centroizquierda se
atomizó posplebiscito del cuatro de septiembre.

Pero
como dijimos al comienzo, la crisis de los partidos es transversal, la
fragmentación de la derecha no se ha quedado atrás. Hace algunos años
nació Evópoli, luego surge el Partido Republicano y finalmente el
Partido de la Gente, clara muestra de lo que hoy viven los partidos
políticos: una crisis que nadie sabe cuándo parará y dónde terminará.

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