Sistema de partidos políticos: una de las causas de nuestra crisis

Las
democracias necesitan de sistemas de partidos políticos robustos y bien
diseñados para garantizar su eficacia y sostenibilidad en el tiempo. Si
los sistemas políticos se fragmentan, disminuye la disciplina de sus
integrantes, se dificulta la tarea para seleccionar a los candidatos
adecuados y se complejiza en extremo la adecuada representación. Una de
las causas de la crisis política chilena es, justamente, su creciente
fragmentación. Esta fragmentación, por cierto, se materializa en la
dificultad de los últimos gobiernos -de todos los colores políticos-
para alcanzar el apoyo que requieren sus reformas legislativas más
relevantes en el Congreso.

La
fragmentación y dificultad para alcanzar acuerdos se hace evidente
también al constatar que han pasado dos meses desde que el Rechazo se
impuso en el plebiscito de salida y aún no contamos con un acuerdo
político que encause el proceso constituyente. La dificultad para que
exista humo blanco, además de la complejidad misma de los asuntos que se
negocian, se debe a que existen 18 partidos con representación
parlamentaria (situación análoga se generó al interior de la Convención
Constitucional, donde abundaban múltiples colectivos con propuestas y
prioridades propias). Difícil ponerse de acuerdo, ¿no?

Considerando
la importancia de los acuerdos -y que estos, según diferentes sondeos,
son anhelados por la ciudadanía-, cabe preguntarse cuáles son las causas
de la fragmentación. La doctrina indica que, entre otras, las causas
son el sistema proporcional de elección parlamentaria, la prohibición de
la reelección parlamentaria indefinida, que las elecciones
parlamentarias coincidan con la primera vuelta de elección presidencial y
las listas de independientes, en el caso de la Convención. Todas estas
causas, por sí solas y aisladamente, se pueden ver de manera positiva
pues permiten una mayor representación y la renovación política. Sin
embargo, al ser analizadas en conjunto, se puede afirmar que dificultan
la eficacia de la actividad política.

Por
ello, y considerando además que la Convención desperdició la
oportunidad de regular adecuadamente el régimen de partidos, estimo
conveniente que los futuros asambleístas y/o parlamentarios consideren
las siguientes fórmulas -planteadas por diferentes cientistas políticos y
abogados constitucionalistas- para atenuar esta problemática: distritos
electorales más pequeños, el establecimiento de un umbral mínimo para
que los partidos puedan sobrevivir, el perfeccionamiento de las reglas
de financiamiento, y el establecimiento de un sistema mixto con criterio
mayoritario -donde una parte del Congreso se escoja según un sistema
proporcional y la otra parte con un criterio mayoritario-.

Es
fundamental que los actores políticos comprendan la importancia de este
asunto pues ignorar el problema -o profundizarlo- solo generará mayor
desconfianza y hostilidad hacia los partidos políticos, sentando las
bases para la irrupción de caudillos populistas. Quienes creemos que la
democracia es el mejor sistema político, debemos explorar todas las
fórmulas que nos permitan garantizar la gobernabilidad y la adopción de
acuerdos de largo plazo.

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