Hace un par de semanas tuve
la oportunidad de participar en el cierre del programa Tránsito a la
Vida Independiente del Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis),
que ejecutó la Unión de Padres y Amigos de Personas con Discapacidad
(Unpade) de Punta Arenas, quienes hace tres años postularon a los fondos
concursables que les permitieron implementar esta valiosa iniciativa. El
Programa de Tránsito a la Vida Independiente, busca contribuir al
desarrollo de la autonomía personal y la inclusión social de las
personas con discapacidad y dependencia, de tal manera que puedan
transitar hacia la vida adulta y la participación social en condiciones
de mayor autonomía. Para ello, pone a disposición de fundaciones o
personas naturales, un conjunto de servicios de apoyo de cuidado y
asistencia, servicios de apoyo de intermediación y adaptaciones del
entorno habitual en el que la persona desarrolla sus actividades. Unpade,
por su parte, es una fundación muy valorada en la comunidad magallánica
porque desde su fundación, hace 25 años, ha apoyado a un centenar de
jóvenes y adultos con discapacidad, a través de su metodología de
talleres laborales, que cuentan con un equipo multidisciplinario de
profesionales que realizan una intervención y acompañamiento por tres
años, permitiendo que los jóvenes al egresar cuenten con las
competencias para trabajar en empresas o instituciones que forman parte
de esta red de colaboradores privados, que están comprometidos con la
discapacidad. Conocer
en terreno la metodología de trabajo de Unpade y poder conversar con
los jóvenes beneficiarios, fue de aquellos momentos que llegan al
corazón y dan sentido al trabajo que realizamos todos los días en el
Ministerio de Desarrollo Social y Familia y en Senadis. Actualmente,
Unpade cuenta con una matrícula de 25 jóvenes y adultos con discapacidad
intelectual de tipo moderada y severa, alguno de ellos con síndrome de
down, espectro autista, discapacidad motora y auditiva y sus edades
fluctúan entre los 16 y 55 años. En
esta relación virtuosa entre Estado y sociedad civil, Senadis ha
desempeñado un rol fundamental, cuyo equipo de trabajo regional realiza
una labor acuciosa con cada uno de los actores de la sociedad civil,
labor que no se limita al traspaso de los recursos, si no que se traduce
en una acompañamiento constante y cercano durante los 3 años que dura
el proyecto. Gracias
a estos fondos públicos, Unpade pudo contratar a un grupo de
profesionales conformado por educadores diferenciales, kinesiólogos,
psicólogos y fonoaudiólogo con el objetivo de generar mayor autonomía e
independencia en los jóvenes y adultos, mediante el desarrollo de
habilidades básicas de la vida diaria y habilidades instrumentales,
promoviendo la colaboración e interdependencia. El trabajo conjunto
entre Senadis y Unpade, que se replica también con otras instituciones
de la sociedad civil de nuestra región, es precisamente el camino que
nos invita a seguir el Presidente Gabriel Boric quien no ha dudado en
reconocer que “nuestro país tiene una deuda con la inclusión de las
personas con discapacidad”, y los datos así lo demuestran: el 16,7% de
la población de nuestro país tiene alguna situación de discapacidad y si
lo llevamos solo a la población adulta son el 20%, es decir, 1 de cada 5
personas tiene algún grado de discapacidad. Estos
datos llevaron al Presidente de la República a comprometerse para
potenciar la institucionalidad de los Consejos de la Sociedad Civil de
Senadis, fortaleciendo el diálogo con aquellas instituciones
territoriales que conocen mejor la realidad de las diferentes
discapacidades y pueden aportar desde su experiencia para mejorar las
políticas públicas que se generan desde el Estado. En el caso de
Magallanes, este Consejo está integrado por las siguientes
organizaciones: Agaci, Bazinga, TEAabrazo, Corporación Hermanos del
Viento, Unpade, Consejo Comunal de la Discapacidad, y la Corporación de
Fibromialgia, con quienes esperamos construir una alianza potente, que
nos permita, con un enfoque de derechos, atender las demandas
particulares que representan.