La
solidaridad es un valor humano que alude a la fraternidad, ayuda mutua
de quienes son parte de una misma comunidad. Como valor humano es
deseable que se exprese y se desarrolle entre los seres humanos. Una
sociedad de hombres y mujeres solidarios será más humana, más justa, más
cohesionada, en definitiva más sólida, aludiendo precisamente al origen
de este concepto. Lo que también sabemos de la solidaridad es que por
esencia se practica de manera voluntaria y acá radica precisamente su
gran valor: en la medida que muchas gentes de manera voluntaria socorran
al prójimo o próximo en sus desgracias, más excelso será este valor.
Nuestro país ha demostrado en innumerables ocasiones que frente a
grandiosos desastres naturales que le han azotado, miles o millones de
chilenos han acudido de manera generosa a dar ayuda a los afectados.
Terremotos, tsunamis, riadas han dejado y con seguridad seguirán dejando
a muchos compatriotas enfrentados a la dura realidad de haber perdido
todos o casi todos sus bienes materiales y no poca veces, a familiares
en tan infaustos sucesos. También campañas solidarias en auxilio de
variadas causas benéficas y de bien social sacan lo mejor del alma
nacional, que se ha forjado con la desgracia en toda su existencia. Para
el desarrollo democrático la solidaridad es fundamental pues este
sistema de gobierno se desarrolla precisamente en comunidad y de alguna
manera lo que somos, lo que hemos logrado y lo que vendrá en nuestras
vidas, es gracias en parte a la sociedad en las que nos hemos educado,
convivido, desarrollado humana y económicamente. Ser solidarios con
nuestros compatriotas es ineludible en democracia.
Sin
embargo hay quienes piensan que el valor de la solidaridad es
independiente de su voluntariedad; es decir, para algunos puede e
incluso debe existir solidaridad a la fuerza, y que se puede coaccionar
para que seamos solidarios. ¿Y cómo nos pueden obligar a ser solidarios?
Por medio de la fuerza del Estado, de manera que si usted estimado
lector no desea ser solidario con tal o cual persona o grupo de
personas, los políticos y funcionarios estatales le obligarán a dar
parte de su dinero para que usted en la noche respire con tranquilidad
por haberlo sido. El actual Presidente socialista español Pedro Sánchez
en el mes de octubre recién pasado en una sesión del Senado de dicho
país, señaló que el Estado sabía manejar de mejor manera el dinero de
los privados que los propios particulares, en una confesión que
sorprende por haberla hecho explícita públicamente. De similar manera
que la izquierda española, la izquierda chilena piensa que los políticos
y funcionarios estatales saben mejor que todos nosotros lo que nos
conviene y por ello, nuestro dinero estaría mejor en sus manos que en
nuestros bolsillos. Recordemos que el Presidente Boric nos dijo que él
era un adelantado respecto de todos nosotros y que por eso habíamos
rechazado su proyecto de Constitución.
La
reforma previsional que impulsa el actual gobierno de izquierda sacará
de nuestro trabajo un 6% para destinarlo a financiar pensiones de todos
los demás, pensando que debemos ser solidarios con otras generaciones.
Pero instintivamente entendemos que parte de nuestro trabajo será
destinado a otros y para mayor inri, este dinero será manejado por el
Estado porque ellos, políticos adelantados a su época como se ven a sí
mismos, piensan que nosotros no sabemos manejar nuestro dinero. Así como
el cariño a la fuerza no es cariño, la solidaridad a la fuerza no es
solidaridad, sino un asalto a nuestro propio bolsillo.