Hace
una semana y antes que los escolares volvieran masivamente a clases, la
Escuela Arturo Prat había sido repintada y además se habían realizado
numerosas refacciones al interior del establecimiento educacional
emplazado en el populoso Barrio Prat. Pero, a las pocas horas uno de los
muros exteriores fue rayado. Los
numerosos turistas extranjeros que vienen a Punta Arenas se asombran de
los numerosos rayados que hay en diversos sectores de la capital
magallánica. Hace casi un año, y a pocas horas de haber sido
reinaugurada, la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero fue rayada y hasta
un chofer ingresó a ella con su automóvil. Desde hace un tiempo se
vienen produciendo numerosos daños y rayados en diversos lugares de
Punta Arenas. También han ocurrido destrozos de paraderos y ataques a la
infraestructura pública. Desde hace tres años hasta el bello patrimonio
cultural que posee nuestra Región de Magallanes fue vandalizado por la
indefensión en que se encuentran los patrimonios arquitectónicos y
culturales de la ciudad. Es preocupante que a pesar de que la Ley de
Monumentos Nacionales contempla incluso penas de cárcel para quienes
dañan estos hitos, en los hechos es una legislación que no disuade,
permitiendo que la destrucción ocurra en total impunidad. En otras zonas
del país ya están acostumbrados a estos hechos y por ello el país no
parece haber tomado consciencia de los alcances que provoca este tipo de
vandalismo. Esas malas costumbres ya están instaladas en Magallanes.
Hoy hay que solo darse una vuelta por el centro de Punta Arenas y darse
cuenta de que proliferan molestos e invasivos grafitis, rayados sin
sentido y afiches publicitarios, lo que además de afear el entorno
implica millonarios costos para los propietarios y la municipalidad.
Nadie lo ve como un “arte urbano”, salvo las afiebradas mentes que
incurren en esto.