Por
mucho tiempo nos hicieron creer que Chile era un país modelo, un
ejemplo para la región, miembro de la OCDE, tigres de Latinoamérica.
Pero esta pandemia del Coronavirus nos puso en el sitial que quizás
siempre estuvimos. Si nosotros no somos capaces de sacar adelante
nuevamente a nuestro país, nadie nos ayudará, porque hoy todos están en
problemas.
Con la dura recesión a la que nos vemos enfrentados,
nos daremos cuenta de que nuestro país ingresó por la ventana a la
OCDE. Con indicadores y cifras útiles solo para inversionistas y
especuladores. Hoy Chile no es más que un país que aspira a salir del
subdesarrollo.
La actual crisis ha desnudado todas nuestras falencias,
ha dejado caer todo el decorado y las luces de neón que adornan nuestras
grandes ciudades para regresarnos al fantasma del Tercer Mundo. La
pobreza está instalada, estamos viviendo precariedad, miedo al futuro y
en algunos casos hambre.
En Magallanes jamás habíamos vivido la
incertidumbre de hoy. ¿Y por qué? Porque las políticas públicas no han
sido buenas y cuando debimos diversificar nuestro sector productivo le
cerramos las puertas a empresas que nos entregaban más de mil empleos.
En nuestra región hemos sido egoístas, porque sacamos la calculadora
para ver si la suma es productiva solo para mi y no para mis vecinos,
esos que hoy no tienen trabajo y no pueden conciliar el sueño por no
tener una claridad acerca de su futuro y el de sus familias.
No hemos
sido capaces de reinventarnos y porque lamentablemente no hemos tenido
autoridades cuyos liderazgos nos lleven en la dirección correcta.
Estamos sufriendo una seria depresión, pero por nuestros propios
pecados, porque nunca visualizamos más allá de nuestro propio metro
cuadrado.