El Presidente trata de gobernar, pero no sabe por dónde empezar.
No puede promover una ley con la cual intentar modificar el sistema de las AFP, pues la banca y los grupos económicos se destruirían y derrumbarían sus fortunas, incluso la propia. Aquí está primando el cuidado de sus bolsillos más que el bien común.
No se atreve a convocar a un plebiscito para saber lo que la gente quiere con la Constitución. Los enclaves autoritarios de la década de 1980 le quitarían mucho poder a los grupos políticos y económicos amparados por ella. Si Pinochet pisoteó sin contemplación la del 25 y entregó su formulación a una sola persona, es incomprensible que no se pueda convocar a expertos, académicos y científicos para poder analizar un texto nuevo. No es reforma lo que pide la gente: Es una Constitución Nueva, distinta a la del 80 que tantas cruces en tantas tumbas ha obligado a cavar. Sus defensores saben el resultado de esa encuesta y se aferran indolentes al clamor popular.
Modificar el mecanismo de reforma de la Constitución sería un error pues está ladinamente amarrada y no puede dársele espacio al espectro político para que debatan porque la discusión previa sería inacabable y colmará la paciencia una vez más. Ya no se quiere esperar y no se confía en aquellos que han estado años en los hemiciclos y que nada han avanzado. Las grotescas actuaciones de hace unos días y los discursos interminables de uno y otro lado ya nos tienen saturados y no los queremos escuchar. Todo lo que aparezca como iniciativa de la representación parlamentaria actual será cuestionable. Se les exige que pongan en riesgo sus privilegios de una buena vez.
Van pasando las semanas y las dietas no se han bajado. Ningún ex presidente ha dado “señales” como rebajar o renunciar a sus “pensiones” y menos regular la de ministros y altos cargos estatales. ¿Qué decir de todos los enclaves políticos de funcionarios inservibles que pululan en todos los servicios? Preocupados de regular un estatuto policial extremo, han olvidado estos temas. El grupo que vive en la burbuja cree que el pueblo olvida o se cansará y desistirá. ¡Qué error!
Chile cambió hace semanas y lo que la mayor parte de la casta política nunca previó le explotó en la cara. Todos son responsables por el descontento y la frustración generalizada por estar más preocupados de sus espacios, estrados, intereses y proyecciones.
Ya es hora de tirar el mantel para reordenar la mesa y hacerla más humana, más equilibrada y donde todos podamos caber en ella.