Expectación
y desinformación deambuló ante el hallazgo de una hembra de ballena sei
(Balaenoptera borealis) muerta en la costa a unos 8 km de Porvenir. De
inmediato, circularon desde algunas organizaciones ambientalistas
información premeditada que se trataba de un “arpón”, aun cuando la
fotografía en primer plano mostraba que era un transmisor, agregando
incluso que se estaría realizando caza clandestina o furtiva en las
aguas de Chile, lo cual es rotundamente falso. Este tipo de práctica
tendenciosa no es nueva, ya en el año 2008 otra organización difundió,
para sus propósitos, que barcos balleneros (haciendo alusión a Japón)
estaban realizando caza de ballenas enaguas nacionales, y así la lista
puede seguir creciendo. Ahora queda como un mal chiste confundir un
pequeño transmisor satelital de 12 cm de largo y 1 cm de diámetro con un
arpón que debe ser de grueso calibre para dar muerte a una ballena.
Sin
duda que para la comunidad de científicos chilenos que se dedican
seriamente a la investigación de mamíferos marinos, y en este caso a las
grandes ballenas, es un hecho lamentable perder un ejemplar de esta
especie, y doblemente lamentable ya que estaba siendo monitoreada
satelitalmente. Como ya se ha señalado en otras notas de prensa,
anterior y posterior a este hecho, la ballena sei es uno de los grandes
cetáceos del cual se tiene escaso conocimiento (nula información),
tanto a nivel nacional como mundial.
Pero
¿cómo funciona un transmisor satelital y porque su uso en la
investigación de cetáceos? Un transmisor satelital tiene por función
adquirir y transmitir información a través de un satélite, para que el
investigador reciba información de los cetáceos en cualquier parte del
mundo.
El
desarrollo de los transmisores satelitales comenzó en la década del
80´, y tuvo como principal motivación el anhelado saber de los
movimientos por largo tiempo de las ballenas, aspecto que otros métodos
tal como las marcas Discovery -usados en la época ballenera desde la
década de 1920-y luego las radios marcas convencionales de VHF y HF,
tenían limitaciones entregando información parcial. De esta forma, la
telemetría satelital básicamente es una herramienta tecnológica de
vanguardia que transmite posiciones del animal por largo tiempo sin la
necesidad de seguir las presencialmente.
En
la actualidad, en cetáceos se emplean dos tipos de transmisores, los
llamados transdérmicos y los que se enganchan en la aleta dorsal. Los
primeros son usados principalmente en ballenas, donde la marca queda
implantada en la capa de grasa inmediatamente debajo de la delgada piel y
antes de llegar al músculo, mediante mecanismos de fijación que retiene
la marca en el cuerpo hasta que es expulsada naturalmente. Además,
estas marcas poseen un freno en su parte superior que evita que la marca
se introduzca completamente en el cuerpo. Las segundas, son utilizadas
principalmente en delfines, las marcas son más pequeñas y quedan
adosadas a la aleta dorsal mediante mecanismos de fijación que perforan
la aleta compuesta de tejido conjuntivo.
La
información que se genera a partir de las transmisiones satelitales es
de gran valor científico, ya que permite estudiar por un largo tiempo
(desde varios días a meses) a animales con amplio rango de distribución
y/o que utilizan hábitats poco accesibles para los investigadores.
Si
bien son numerosas sus ventajas, los costos de un transmisor satelital
son también altos -un transmisor puede costar US$2000 hacia arriba- por
lo que es de interés primordial que su colocación sea eficaz, de manera
rápida y segura para el animal, para que el transmisor pueda persistir
por un tiempo prolongado y maximizar la obtención del mayor acervo de
datos posible sin alterar el comportamiento del individuo estudiado.
Finalmente, no está de más señalar que no existen a la fecha reportes
de muerte de algún animal durante la fase de implantación o
post-implantación del transmisor satelital, y es por ello que esta
tecnología está siendo cada vez más usada en el mundo.