¿Y por qué es grato?
Es grato y gratificante porque en
estos tiempos en que se desarrollan tantos conflictos políticos, en que el sol
más brillante se oscurece con las nubes negras de la descalificación que busca
allegar, como el agua, votos a los molinos de muchos que, según otros tantos,
no debieran hacer esto o lo otro.
En estos tiempos en que los que
nunca faltan destilan amargura, desbordan rencores del pasado, descalifican a
adversarios y aliados, en que lo material parece primar sobre los espíritus más
desinteresados; en que se promulga una ley que protege a los animales y
endurece los castigos para los malos amos, iniciativa muy digna de aplauso, se
considera, en el mismo día casi, como un triunfo, la aprobación del aborto en
tres causales, ocultando con palabras como “progreso” y “libertad”, palabras no
valores, que muchos seres humanos inocentes que no pidieron ser concebidos van
a ser asesinados en forma cruel y sin posibilidad alguna de defenderse porque
el seno materno ya no es el refugio más seguro que todos quienes estamos en
este mundo tuvimos durante nueve meses, claro que en otros tiempos.
Por esas y muchas otras razones,
es grato escribir sobre las Jornadas, sobre nuestras Jornadas, porque son de
quienes vivimos en esta tierra de bosques, coironales, de viento, escarcha,
nieve, de montañas eternamente nevadas, de piños, de tropillas, de manadas, de
pumas, ñandúes, caiquenes, gaviotas, ballenas, pájaros carpinteros, guanacos,
búhos, pingüinos, tordos, zorzales, loicas, bandurrias, cururos, zorros,
salmones, truchas, erizos, calafates.
Pero, por sobre todo, poblada por
gente generosa, solidaria, que heredó tantas culturas como inmigrantes llegaron
hasta aquí buscando tierra, techo y pan y un mejor futuro para sus familias,
haciendo soberanía, afianzando con la música chilota, la cueca nortina, los
bailes de España y Croacia, el chamamé, la zamba, la tonada, el vals, una
cultura que es, netamente, magallánica, bajo la bandera de nuestra tenaz región
y de la tricolor heroica, jamás rendida en los campos de batalla del pasado de
Chile.
Esa es nuestra gente y la
encontramos, a veces sonrientes, a veces con los labios apretados, pero con la
sempiterna entereza de los que aman a esta tierra “donde mueren las
distancias”, como afirmó el poeta – concejal: desde Puerto Edén hasta Patriots
Hills, desde Seno Obstrucción hasta Dorotea, desde el seno Skyring hasta Monte
Aymond, desde Cabo Froward hasta Punta Dungenes; desde el Monte Sarmiento hasta
San Sebastián; desde el Canal Brennock hasta Picton, Lennox y Nueva y Diego
Ramírez; desde Puerto Williams hasta Puerto Toro, el Canal Murray, el paso del
Drake y desde Villa Las Estrellas hasta el mismísimo Polo Sur, cuando alguna
expedición chilena se adentra en un desierto blanco y helado, en pos de un
nuevo galardón para Magallanes y para Chile.
Y esa es la gente que hace
posible el éxito de las Jornadas por la Rehabilitación, obra benéfica que
materializó una promesa olvidada y la ha extendido, incluso, hasta la Patagonia
argentina.
TRES DÉCADAS
La sede del Club de Leones Cruz
del Sur fue el alero que cobijó a un grupo de visionarios que decidieron
materializar una promesa incumplida por una figura de la televisión que dijo
querer extender los beneficios de la “Teletón” hasta Magallanes y que está
escrita, se afirma, en el “Libro del Engaño”, con una tinta de marca
“Decepción” porque quedó pendiente.
Entonces, esos visionarios
hicieron un diagnóstico acertado; una planificación minuciosa y dotados de un
espíritu de trabajo indomable, “de cabeza fría, pero de corazón ardiente”, como
se escribió en los muros de París, en mayor del 68, fueron dando forma a lo que
hoy es una obra más que notable: las Jornadas, nuestras Jornadas.
Al cabo de un largo período, en
el año 1988, se dio el vamos a la tarea y se logró cumplir la meta primigenia.
Después vendría otras y se fue
potenciando lo que era poco más de una sala de ejercicios, en la calle Maipú
con O’Higgins, el cual dio paso a un Centro ya mayor, en la calle Suiza, en el
sector de la Población Las Naciones.
Y desde 1996, ese centro ha
atendido a centenares de pacientes que buscan rehabilitación; en el año 2003,
la obra se extendió a Puerto Natales y el 2009, cruzó a Tierra del Fuego y
llegó hasta Porvenir.
Hoy día, el moderno y funcional
Centro de Rehabilitación es un eficiente complejo que atiende no sólo a niños,
sino que a todos quienes lo requieren para superar discapacidades o problemas
físicos, no sólo chilenos, sino que, también, a pacientes argentinos que
dejaron atrás para sus dolencias aquello de que “Dios existe para todos, pero
atiende en Buenos Aires”.
Ciento cincuenta y tantos
profesionales de diversas disciplinas están en los centros de atención para
contribuir a la rehabilitación de quienes han llegado hasta allí: ortesistas,
pediatras, fisiatras, fonoaudiólogos, nutricionistas, kinesiólogos, terapeutas
ocupacionales, asistentes sociales y educadoras especiales, no sólo aportan sus
conocimientos y técnicas profesionales sino que, muy conscientes de su labor y
de la importancia que tiene para sus pacientes, regalan sonrisas, gestos
amables y la calidez de un trato personalizado.
METAS CUMPLIDAS
La generosidad de los
magallánicos, de los artistas regionales y nacionales, de centenares de
colaboradores, de las empresas que comprometen su apoyo, ha hecho que las metas
fijadas antes de cada Jornada vaya siendo superada por los aportes en la cuenta
del BancoEstado 91 900 17 61 00, al término de la que siguió.
Veamos, las cifras hablan por sí
solas, aunque estén redondeadas.
En el año 2011, la meta eran 340
millones de pesos y se logró reunir $ 412,3 millones; al año siguiente, la meta
subió a $ 356 millones y se llegó a los 421,3 millones de pesos; mientras que
al año siguiente, 2013, se fijó la meta en $ 386 millones y se obtuvo 466
millones de pesos.