El
Presidente Gabriel Boric presentó el pasado miércoles la reforma
previsional, un proyecto urgente y necesario, altamente demandado por la
ciudadanía y que se espera pueda entregar certezas y tranquilidad, pero
por sobre todo mejorar la calidad de vida de nuestros pensionados. Si
bien hay consenso en que se requiere una reforma previsional entre las
fuerzas políticas y movimientos sociales, luego de una larga década de
debates y proyectos que no llegaron a buen puerto, aún no existe una
única mirada que permita encontrar una solución común. De cara al país,
los encantadores de serpientes finalmente tendrán que sacarse las
caretas y mostrar su rostro frente a un tema de interés ciudadano y que
demanda solución urgente y necesaria. El tema es mejorar las pensiones
ahora y no puede haber justificativos ni excusas.
El
Gobierno propone un sistema mixto, donde se mantiene la capitalización
individual, pero agrega un seguro social en el 6% de cotización
adicional que pagará el empleador. Para que esto ocurra el Gobierno
propone poner fin a la AFP para dar paso a un nuevo tipo de institución
privada llamada Inversor de Pensiones Privado (IPP), el cual podrá
seguir administrando las cotizaciones individuales. Además se propone
crear el Inversor de Pensiones Público y Autónomo (IPPA), un ente
estatal que competirá contra los IPP en la administración de las cuentas
individuales, pero tendrán la exclusividad del 6% adicional. Por
último, el proyecto de ley propone crear un ente Administrador de
Pensiones Autónomo (APA), que reemplazará al Instituto de Previsión
Social (IPS). Es decir, una nueva institucionalidad en donde se mantiene
la capitalización individual, se puede elegir entre agentes privados de
inversión y se agrega un componente solidario con cargo al empleador,
pero sin agentes de lucro.
La
discusión no estará en si es necesario cotizar un 6% adicional sino
cuál será el destino de esos fondos adicionales. La derecha, apenas
terminaba el anunció el Presidente Boric, ya se pronunciaba en
desacuerdo al proyecto aduciendo que el 6% debería ir exclusivamente a
capitalización individual y que las pensiones más bajas sean mejoradas
aumentando la PGU vía impuestos. (Sí, los mismos que se niegan a aplicar
impuestos ahora los demandan, cómo para creerles). Por otro lado, la
mirada oficialista plantea que las pensiones, para que puedan dar
dignidad a los beneficiarios, deben provenir de un complemento entre la
cotización individual y un fondo solidario, que permita mejorar las
pensiones más bajas, pero en la cual todos obtengan beneficios, unos más
y otros menos. Y esto no es nada nuevo, de hecho, es más conservador
que el proyecto de Piñera que proponía que la mitad del 6% vaya a un
fondo solidario.
Las
fuerzas de izquierda que sustentan hoy el proyecto tienen un alto grado
de responsabilidad que la opción solidaria en el sistema previsional
haya perdido aceptación. El argumento que la plata es mía fue
ampliamente esgrimido para los retiros durante la pandemia y hoy nos
vuelve en contra. Lo anterior sumado a la derrota en el plebiscito de
salida nos depara una difícil tarea en cuanto a transmitir las
indiscutibles bondades del proyecto de reforma previsional. Por eso es
necesario desplegarse por todo Chile para decir que por fin se acabarán
las AFP, que se mejorarán sustancialmente las pensiones más bajas, que
se podrá elegir quién rentabiliza su 10,5%, que del seguro social el 70%
ira a la capitalización individual y el 30% restante con mecanismo
solidario, que habrá un seguro de maternidad equivalente a 24 meses de
cotización, que esta reforma va e sintonía con el Sistema Nacional de
Cuidados, que no habrá herencia pero si pensión de sobrevivencia con el
fondo común, que habrá solo rentas vitalicias para que nadie se quede
sin fondos, entre otras cosas. En resumen, que puede haber mejores
pensiones ahora (con justicia).