Una serie de países se están apurando para reforzar su influencia en la Antártica, con la vista puesta tanto en el día en que
los grandes tratados de protección caduquen como en las oportunidades
estratégicas y comerciales que existen. Algunas operaciones se centran
en los recursos que ya están en juego, como la abundante vida marina.
China y Corea del Sur, que tienen
las bases más modernas, están aumentando su pesca de krill -diminutos
crustáceos que abundan en el Océano Austral-, mientras Rusia
recientemente frustró los esfuerzos para crear uno de los mayores
santuarios marinos del mundo. Y ¿qué
rol cumplirá Punta Arenas? Hace pocos días insistíamos en estas mismas
líneas en la importancia del turismo científico y sus altos costos,
y las altísimas ganancias que podría dejar para nuestra región. En la
actualidad varios científicos están examinando la posibilidad de
“cosechar” los icebergs, que se estima tendrían las mayores reservas de
agua dulce del planeta, y los países avanzan con proyectos de
investigación espacial y satelital para extender sus capacidades
globales de navegación. Sobre una base que data de la era soviética,
Rusia está ampliando sus estaciones de monitoreo para Glonass, su
versión del Sistema de Posicionamiento Global (GPS, en inglés). Al menos
tres estaciones rusas ya operan en la Antártica, que forman parte de su esfuerzo para desafiar el dominio del GPS estadounidense, y se planean nuevas estaciones, como la base rusa a la sombra de la Iglesia Ortodoxa de la Santísima Trinidad.